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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

No fueron sorpresivas las elecciones en la región, salvo para muchos, entre los que me incluyo, quienes pensando con el deseo creíamos que las listas del Centro Democrático para Cámara de Representantes no conseguiría la votación suficiente para obtener más de tres curules. Hay en estos resultados conclusiones obvias: Uribe Vélez obtuvo una gran votación, a costa principalmente del partido Conservador y del partido de la Unidad Nacional, conocido como la U, colectividades a las que les fue bien en el País y mal en Antioquia.

El partido Liberal sostuvo su votación y mantuvo su representación, igual que Cambio Radical. El Polo Democrático, afortunadamente para la democracia, recuperó su curul en la Cámara. Entre los elegidos por el partido liberal se dieron sorpresas: Luís Fernando Duque al Senado, Julián Bedoya y Oscar Hurtado a la Cámara, no estaban en los presupuestos de nadie; otros candidatos fijos como Jaime Garzón y Víctor Yepes no obtuvieron los votos suficientes, cuando todos los analistas los dábamos por elegidos.

Aparte de estos análisis coyunturales o episódicos es bueno tratar un tema de fondo: Todos los días la actividad proselitista entre nosotros se vuelve más y más difícil por la influencia perniciosa del dinero. Alcaldes, concejales y líderes cooptados por el dinero y la corrupción o por el chantaje de superiores. La mermelada, o cupos indicativos que en forma sofisticada llaman otros, fue definitiva en estas elecciones. Muchos parlamentarios vendieron sus cupos y en casi todos los casos la entrega de los auxilios iba aparejada del señalamiento del contratista que habrá de ejecutar las obras. Las comisiones emanadas de la mermelada fue el combustible para la reelección parlamentaria. En Antioquia se habla de campañas a la Cámara que costaron más de 2.500 millones de pesos. Algo escandaloso y que viola todos los topes. Si tuviéramos fiscalía y órganos de control, los hallazgos serían terribles para la democracia. Amén de la participación activa que en algunas regiones se pudo visualizar de las llamadas bacrim.

Muchos candidatos tenían tulas sin fondo repletas de dinero. Algunos decían que cada vez estaba más costeñizada la política en Antioquia, pero después de lo visto el nueve de marzo, sólo puede decirse que deberían disculparse con los costeños, que no son capaces de hacer lo que aquí se hizo. En Antioquia se dio el caso de candidatos que hicieron toda su campaña en helicóptero, mientras la mayoría tenía que acudir al carro prestado por amigos o parientes. La penetración en algunos municipios de políticos de Córdoba y Sucre, con fórmulas de antioqueños para Cámara, fue otra fuente de repartición descarada de dinero.

Lamentablemente todos los días se va volviendo imposible hacer política sin dinero y sin mermelada. Por eso hay que destacar a personas como Sofía Gaviria, para citar sólo un nombre entre muchos más que con seguridad existen, quien fue clara y persistente con su comité político, que no toleraría superar los topes legales. Con Sofía también se pelaron quienes temerariamente afirmaron que tenía sustentada su campaña en los contratistas del Municipio de Medellín. En el Municipio deben existir más de 13 mil contratistas y la votación de la nueva senadora apenas llegó a 10 mil votos en esta ciudad.

Se impone el voto obligatorio y se impone la terminación del voto preferente; de lo contrario cada dos años vamos a estar en las mismas y todos los días deslegitimando más nuestra representación política.

 

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