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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Cada año los colombianos, y especialmente los antioqueños, renovamos nuestra impotencia de poder controlar  la utilización de la pólvora durante las festividades decembrinas. Un antivalor que nuestra sociedad ha creado y que tantos dolores la produce a muchísimas familias cada año, unas en forma voluntaria y otras involuntarias.

Las estadísticas demuestran que anualmente, y este año parece que no será la excepción, los antioqueños somos y seremos los campeones en el número de víctimas que aportamos a la fatídica estadística de quemados con el uso de la pólvora. ¿Responsables? En primer lugar la familia es la gran culpable de la práctica de esta ruinosa y dolorosa diversión. Es necesario que el combate a este perverso deporte se inicie desde el hogar, No puede ser que maleduquemos a los hijos iniciándolos en estas prácticas y luego les pidamos al Estado y a las autoridades que decomisen y repriman el mal uso de la pólvora.

La sociedad también tiene su gran aporte a esta nociva diversión. Entre nosotros se ha venido imponiendo la cultura (o incultura) de utilizar fuegos artificiales al amanecer del primero de diciembre de cada año en lo que hemos denominado la alborada. Una práctica que heredamos de los mafiosos y de los paramilitares, los primeros para celebrar  el hecho de “coronar” el envío de un cargamento de droga al exterior y de los segundos cuando se firmaron el proceso de paz con el Gobierno y anualmente celebraban su reinserción. Herencia que mal llamadas familias de bien han recibido y que tanto daño le está causando a la misma sociedad.

Esta práctica ha venido siendo acompañada de hacer disparos al aire, que muchas veces encuentran a víctimas inocentes en esa loca, irresponsable e irracional celebración. Los llamados combos se dedican a demostrar su poderío y su fuerza con la utilización de sus armas siniestras.

Todas estas prácticas, aunadas a otros comportamientos poco edificantes que se han venido imponiendo en nuestra sociedad, son lo que los medios y los opinadores denominan “la cultura mafiosa” que lamentablemente ha venido cogiendo fuerza entre nuestra población paisa.

La escuela es otro centro donde el combate a la pólvora debe figurar como centro de las enseñanzas a los niños y a los jóvenes. No les podemos dejar a las autoridades civiles la misión de realizar, cada año, una costosa campaña publicitaria para que no se utilice pólvora en las festividades navideñas y de fin de año.

Finalmente la Policía no debe ser un convidado de piedra en esta lucha. He visto en las afueras del Valle de Aburrá innumerables lugares, con ostentosos avisos donde promueven la venta de pólvora. ¿Eso no lo verán nuestros policías? Lo sucedido en el partido de fútbol entre Atlético Nacional y River Plate es bien demostrativo de que algo está fallando. O la pólvora la ingresaron antes del partido y allí los funcionarios del Estadio tienen mucho que ver o la entraron los aficionados el día del encuentro y allí la Policía, con sus famosos círculos de control, se pifió en materia grave. Se afirma por asistentes al encuentro que varios aficionados ingresaron no solo alicorados sino con pólvora. El mutilado con pólvora durante ese encuentro tiene mucho que decir sobre el tema.

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