

Por: Ramón Elejalde Arbeláez
Los colombianos sabemos de los valiosos esfuerzos del ministro de salud Alejandro Gaviria por enderezar el terrible entuerto que es el sistema de salud colombiano: caótico, ineficiente, injusto e ineficaz. También todos somos conscientes de que ninguna reforma a las tristemente famosas EPS tendrá posibilidades de éxito en el Congreso de la República, donde se mueven muchos intereses, casi todos ellos oscuros.
A una legislación perjudicial para los usuarios se le agrega un indolente y absurdo comportamiento administrativo, especialmente de las EPS. A principios de la semana que termina conocí de primera mano el inhumano trato que Colsanitas, una de las pocas reconocidas por su aceptable atención, determinó darles a sus usuarios. En los clinicentros de la citada empresa el paciente encontraba todos los servicios médicos desde primeros auxilios, exámenes de laboratorio, autorización para exámenes y para la entrega de medicamentos, hasta el servicio de farmacia; el enfermo visitaba estos centros y con alguna lógica demora salía para su hogar atendido, sin mayores obstáculos. Pues a los señores administradores de esta prestadora de salud se les ocurrió el novedosísimo invento de desconcentrar algunos de estos servicios, especialmente el de las autorizaciones para entregar medicamentos y para realizar exámenes clínicos, de tal manera que el enfermo debe ir a un lugar de la ciudad de Medellín a que lo atienda el médico, luego debe ir a otro lugar distante a que le autoricen los medicamentos o los exámenes y finalmente regresar al lugar de origen para que le despachen la fórmula ya autorizada. Tamaño despropósito, tamaña insensatez para con enfermos, ancianos y usuarios que deben invertir más de su dinero en transporte y más tiempo que deben reconocer sus patronos.
Aparte del peregrinaje del enfermo o del anciano por toda la ciudad, viene una imprevisión mayor: desconcentraron los servicios dichos al tiempo que concentraron la potestad de autorizar medicamentos y exámenes en un sitio “equilejano” sin suficiente personal para atender los usuarios ni parqueaderos para quienes pueden trasladarse en su propio vehículo, creándole una dificultad mayor a la movilidad citadina. Esta semana hubo pacientes que demoraron hasta 5 horas en estos penosos trámites burocráticos, por lo demás desalmados e ilógicos. ¿Buscan aburrir al paciente para que no reclame medicamentos?
Un episodio cruel es el de Juan Bautista Roldán Gómez, afiliado a Comfama, con avanzada diabetes que le produjo desprendimiento de retina y hemorragia vítrea. Ya perdió totalmente el ojo izquierdo y para salvar al otro fue remitido desde hace seis meses por su EPS a la Clínica Oftalmológica de San Diego, donde ha sido imposible que lo atiendan porque “no hay dispuesta agenda para retinólogo”. Difícil precisar si el problemas es de la empresa remitente o de la clínica a donde fue remitido. Lo cierto es que Juan Bautista pierde todos los días su visión ante el tira y afloje de dos entidades que deberían propugnar por la salud del pueblo colombiano.
Estas son apenas muestras de una terrible realidad, que parece no tener solución.