

Por Ramón Elejalde Arbeláez
Cuando se escriba la historia de la música parrandera en Colombia, indudablemente que los nombres de José A., Agustín y Joaquín Bedoya Gómez tendrán lugar preferente en ese compendio y quien lo creyera, la violencia política que se inició en 1947 juega un papel preponderante en la consolidación cultural de este género musical, ya que muchos cantantes de pueblos y veredas se ven obligados a refugiarse en Medellín y en el Valle de Aburrá, donde para rebuscarse la vida imponen su gusto musical.
Quien abrió la brecha en asuntos musicales fue José Ángel quien instruyó a sus hermanos en esas lides. Habían nacido en la vereda Cabras del municipio de Frontino y las primeras actuaciones musicales de José A. las realizó en el mismo sitio y en lugares vecinos como El Uvo, El Madero, El Oso y Nobogá. Cuenta que a la edad de 15 años ya hacía parte de una banda musical en Uramita. Acosados por la violencia partidista se ven compelidos a abandonar su tierra natal y buscar refugio en la ciudad de Bello, quien los acoge y les facilita trabajar, a algunos de ellos y a otros hermanos, en la que fuera su empresa emblemática, Fabricato. En esta ciudad Agustín y Joaquín toman lecciones de guitarra de la mano de su hermano José.
Joaquín Bedoya, el Rey de la Parranda, fue un alumno aventajado y prontamente interpretaba con propiedad la guitarra, la lira y el tiple. Grabó más de 40 discos de larga duración para las firmas Fuentes, Codiscos y Discos Victoria. Interpretó más de 600 composiciones y fue artista parrandero de primer orden durante más de 53 años.
Sus composiciones más emblemáticas y conocidas fueron “El corbata gastador”, “La bicicleta de Lola”, “El ñanga ñanga”, “Échale más agua a la sopa”, “Las putiérrez, “Las veteranas”, “El doctor sardinero”, “Aguardiente p´al Chofer”. Don Joaquín no solamente alegró los diciembres de muchas generaciones actuando como solista, sino que con Adriana Holguín y José Muñoz conformó el grupo Los Raros.
El Rey de la Parranda, víctima de una enfermedad terminal, falleció en Envigado el pasado 22 de noviembre a la edad de 71 años. Su voz, su guitarra, sus canciones, continuarán sonando en todos los diciembres por venir. Pasa, con sus hermanos, a la galería de los inmortales de la música. Así como Guillermo Buitrago es obligado en todas las fiestas de fin de año, así lo serán Joaquín, Agustín y José Bedoya.
En su natal Frontino hay tristeza entre sus habitantes, como existe en Bello y en toda Antioquia. Sus paisanos sienten la profunda frustración de no haber podido entregarle La Orden de la Panela, condecoración que les entrega la municipalidad a sus hijos más representativos y a quienes han sido sus benefactores. Agendas difíciles de armonizar dieron al traste con las intenciones.
A Joaquín le sobreviven cuatro hijos. Paz en su tumba y una eternidad de gloria.