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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Definitivamente no soy amigo de los balances de fin de año ni de los pronósticos para el que llega. Pero en Medellín, Colombia y en el mundo vienen sucediendo hechos importantes que es bueno repasar y registrar.

Iniciemos por lo parroquial, por la querencia. Las inversiones proyectadas, contratadas o por contratar que tiene Medellín con el 1,4 billones de pesos, provenientes de la venta de parte de la empresa UNE, serán, definitivamente, el lanzamiento de una nueva Ciudad. Los proyectos que venían de anteriores administraciones sobre movilidad y los nuevos de la actual administración, que buscan privilegiar el transporte público sobre el particular, serán el inicio de una nueva cultura, como algunas de las ciudades europeas, que nos ayudarán, definitivamente, a solucionar este problemas producto de la tendencia universal a contar todos los días con una mayor población urbana que rural. El Parque del Río Medellín, el Cinturón Verde Metropolitano, el Jardín Circunvalar, los corredores de transporte masivo, el tranvía de la 80 y el monorriel de la zona nororiental, así como las demás inversiones en movilidad, educación, seguridad, inclusión social y salud, harán de Medellín una ciudad mable a sus habitantes y ciertamente incrustada en el siglo XXI.

En Colombia el crecimiento económico, uno de los más altos de América Latina mejora sustancialmente la situación del país. El propósito debe ser que ese crecimiento disminuya las desigualdades sociales, tan aberrantes entre nosotros y los más pobres también se beneficien de esa bonanza económica. El desempleo ha llegado a índices insospechados y debe seguir bajando, el empleo informal debe ser reemplazado por un empleo digno y formal. Este proceso económico positivo debe seguirse administrando con sumo cuidado, especialmente frente a fenómenos externos como la baja del precio de la gasolina. El proceso de paz, tan tercamente defendido por el presidente Juan Manuel Santos, todo los días parece consolidarse más y seguramente en pocos meses los temas más álgidos de la negociación se vayan concretando. La paz sería una gran noticia para los colombianos y para el mundo.

En el mundo hemos visto muchas cosas preocupantes como la diseminación del ébola, la guerra de Ucrania, las luchas intestinas en Siria, Afganistán, Irak, entre otros, las medidas económicas contra Rusia, pero también tenemos que registrar muchas cosas positivas: La iglesia católica se refresca con la presencia de un sumo pontífice cercano a las inquietudes y dolores del pueblo, moderadamente renovador y con un discurso verdaderamente revolucionario para una jerarquía autista y lejana de las angustias de su grey.  El papa Francisco, ecuménico y directo, ha sido una verdadera revelación.

Barack Obama ha tomado decisiones radicales, que inexplicablemente se demoró en hacerlo, como flexibilizar las normas sobre inmigrantes, abrir relaciones con Cuba, procurar terminar con el embargo a esta isla, tan ineficaz como injusto y acabar con la prisión de Guantánamo. El crecimiento económico que hoy registran los Estados Unidos, son seguramente, el resultado de exitosas políticas económicas que los demócratas pusieron en funcionamiento.

Tenemos todos los seres humanos una deuda con la tierra: recuperar el medio ambiente. Es necesario mejorar las condiciones de vida si la especie humana quiere continuar sobre la tierra. Es una deuda pendiente con nuestra descendencia.

 

 

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