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Por Ramón Elejalde Arbeláez

El partido Liberal no elige sus directorios distritales, departamentales y municipales en forma democrática, es decir mediante el voto de sus militantes, desde el año 2009 y la mayoría de sus cuadros directivos en regiones y localidades están desarticulados o sencillamente reorganizados mediante resoluciones de las Directiva nacional, esas sí ratificadas democráticamente en la convención de Cartagena de diciembre de 2013.

La democracia en los partidos es esencial para su funcionamiento. La renovación periódica de los cuadros directivos de los movimientos o partidos políticos es también garantía de renovación y de vigencia. No puede el liberalismo seguir aplazando indefinidamente la selección democrática de sus agencias departamentales y municipales, con  cualquier pretexto.  Fue costumbre, después de la famosa constituyente liberal que promovió Horacio Serpa, que cada dos años el liberalismo remozara su dirigencia y se movilizara buscando a sus mejores dirigentes para que le trazaran el rumbo. Esa democrática costumbre se ha venido perdiendo inexplicablemente.

Nada hay en este escrito contra los pocos directorios que han venido cumpliendo su labor, pero esas dignidades no pueden ser eternas, salvo que la voluntad popular, manifestada periódicamente, así lo disponga. Se da el caso de que la inmensa mayoría de los elegidos en el último certamen democrático para escoger directivas ya no hacen parte de la colectividad, o están en la administración pública o sencillamente no son activistas políticos, y se dejó en las direcciones a quienes han sido elegidos a dedo por la Directiva nacional. A todo lo anterior el liberalismo padece hoy una nueva coyuntura: Segura y merecidamente el jefe único de la colectividad, Simón Gaviria, sea llamado a desempeñar un cargo en el gabinete del presidente Juan Manuel Santos. Esa determinación dejaría al liberalismo con una dirección interina hasta la realización de la próxima gran convención. Todas Estas circunstancias son propicias para que desde ya se fije un cronograma para que la colectividad roja escoja a todos sus directorios en forma democrática y termine la faena con una elección de su jefatura por dirigentes renovados y con un mandato claro y reciente.

Otro clamor de la militancia liberal, que ha tenido excelente eco en el veedor nacional del Partido, doctor Rodrigo Llano Isaza, es la realización de un gran encuentro programático. Las tesis, las propuestas, las ideas que identifican a la colectividad deben ser repasadas y modernizadas acorde con la cambiante realidad que nos asedia. En un País donde por fin vemos rescatadas las ideologías, donde claramente hay propuestas y partidos que van desde la extrema derecha hasta la izquierda democrática, el liberalismo tiene que renovar su pensamiento y su ubicación dentro del espectro ideológico que hoy existe.

Tiene pues el liberalismo el reto de ponerle democracia e ideas a su organización.

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