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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Una de las principales funciones del Congreso es el control político, que se ejerce esencialmente sobre la rama ejecutiva del poder público. En virtud de tal prerrogativa puede el cuerpo legislativo citar a ministros, superintendentes y directores de departamento administrativo. Puede también, pero ya por intermedio de una comisión constitucional, citar a particulares que pretenda escuchar en la investigación de algún tema especial de su competencia.

Exótica ha sido la citación a un debate político en alguna de las cámaras a un miembro del mismo parlamento. Casos se han dado: el último que recuerde fue la citación que el Uribismo, en ese entonces representado por el partido de la U y concretamente por la senadora Nancy Patricia Gutiérrez, a la también senadora Piedad Córdoba, por sus supuestos vínculos con la subversión. Muy llena de datos llegó al debate la doctora Nancy Patricia y ante la opinión pública quedó claro que muchos órganos del Estado habían colaborado en el aporte de información para el citado acto. Que recuerde, nadie se opuso a la actuación de la senadora Gutiérrez y menos quienes hoy se rasgan las vestiduras por el debate que pretendió realizar en el senado de la República el integrante de esta corporación, Iván Cepeda en contra de su colega, Álvaro Uribe.

Uribe Vélez, como le correspondía, aceptó la citación y simplemente pidió garantías para ejercer su defensa, pero fue su bancada, la mayoría de la bancada de la U y del partido Conservador quienes cerraron filas en torno al expresidente para impedir que el propósito de Cepeda se cumpliera. Alegaron, seguramente con alguna lógica jurídica, que no era propio de nuestro congreso ejercer control político sobre los colegas. ¿Ingenuidad el citante? Debió presentar su debate con miras más amplias para desnudar el fenómeno del paramilitarismo, si acaso tiene información nueva y valedera, y no personalizarlo en la figura de Uribe Vélez quien seguramente encontraría, como efectivamente encontró, la solidaridad de su bancada que actuó con lógica parlamentaria y con el respaldo también de quienes de alguna manera tienen sobre el tema rabo de paja y no se pueden arrimar a la candela porque salen chamuscados.

Lo cierto es que con el episodio en comento, quienes antaño propiciaron y disfrutaron el debate de la doctora Nancy Patricia Gutiérrez a Piedad Córdoba, hoy asumen una posición diametralmente opuesta atendiendo sus personales intereses. Pura incoherencia.

Fue un primer intento de los muchos que seguramente se sucederán entre quienes en el Congreso representan a la derecha y a la izquierda del espectro ideológico. A todo eso se sometió el senador Uribe al bajarse del pedestal de expresidente. Este y futuros incidentes seguramente desgastarán al jefe del Centro Democrático, como ya lo comienzan a registrar las recientes encuestas de opinión.

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