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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Casi en forma simultánea, los medios de opinión pública han dado a conocer dos noticias que deben entristecer a los colombianos y que nos deben sumir más en la desesperanza. De una parte se nos ha dicho que Colombia sigue siendo uno de los Estados donde la concentración de la riqueza es todos los días más alarmante en América Latina, que es la región más inequitativa del mundo, solo equiparable con el África Subsahariana.  Y de otra parte nos han informado que el Estado inició investigaciones sobre varias empresas importantes y emblemáticas de nuestra nación, por formar verdaderos carteles de precios para burlar la libre competencia y esquilmar, especialmente, a los más pobres.

Inconcebible que parte muy importante de la clase empresarial colombiana esté aplicando prácticas de carteles para fijarle los precios a algunos productos necesarios para los colombianos. Cuando se habla de carteles le queda la impresión al ciudadano de que estamos frente a la famosa cultura mafiosa que tanto daño nos está haciendo como sociedad, pero también que los poderosos aplican prácticas irregulares, como mínimo violatorias de un comportamiento ético, con el fin de aumentar y concentrar más su fortuna.  No puede pasar de agache ni para el gobierno ni para la opinión pública lo que se está diciendo sobre el tema y menos que la superintendencia respectiva se acobarde frente a los poderosos. A ellos también les debe caer todo el peso de la ley.

Es triste y repudiable lo que se dice en los medios de comunicación, sin que hasta el momento alguien lo haya desvirtuado: que algunas empresas productoras de pañales y papeles, de cuadernos, cementeras y de medicamentos entre otras, están presumiblemente utilizando esas mismas prácticas.

Para mayor dramatismo y desengaño del hombre común y corriente se nos viene diciendo hace días que Colombia es uno de los Estados de América Latina, conjuntamente con Honduras, donde la inequidad y la brecha entre ricos y pobres son todos los días más alarmantes. Debemos ser conscientes de que “una distribución del ingreso inequitativa suele estar asociada a altos niveles de pobreza. Por el contrario, los países en los que el reparto de la riqueza es más igualitario generalmente son los que garantizan un bienestar aceptable para todos sus habitantes” ha escrito del profesor Darío Mizrahi en el portal argentino Infobae Nuestra clase dirigente y empresarial, especialmente la que está poniéndole “conejo” al pueblo colombiano con los artículos que produce, debe hacer un mea culpa por ese comportamiento y de raíz erradicar esas prácticas mafiosas y tramposas que lo único a que conducen es a incrementar la concentración de la riqueza en unas pocas manos,  a empobrecer más al pueblo colombiano y a indignar a la opinión pública. De un lado no pueden pontificar desde los gremios y en los medios de comunicación masiva, mientras por debajo de la mesa ponen en práctica comportamientos antiéticos y tramposos contra el consumidor desprevenido. No pueden los poderosos, con esas prácticas, ahondar la brecha entre ricos y pobres.

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