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Por: Ramón  Elejalde Arbeláez

En un acto histórico, el papa Francisco reunió en el Vaticano al presidente israelí, Simón Pérez, al palestino Mahmud Abás y al patriarca Bartolomé de Constantinopla. En ese encuentro, luego de una introducción musical, se declaró que «israelíes, palestinos, judíos, cristianos y musulmanes se encuentran reunidos para ofrecer su oración por la paz en Tierra Santa y para todos sus habitantes». La ceremonia se desarrolló en tres actos, el primero dedicado a la comunidad judía, el segundo a la cristiana y el tercero a la musulmana, según el orden cronológico del origen de estas confesiones. Es decir, en Ciudad del Vaticano, a instancias del Papa Francisco, confluyeron tres religiones y dos pueblos con enfrentamientos milenarios y mucha sangre vertida.

La historia de la “Tierra Prometida”, para entender el fenómeno actual,  es demasiado compleja y podemos decir que se inicia cuando entre los años 135 y 70  a. de C. el pueblo judío fue expulsado de esos territorios y se dispersó por todo el mundo en diáspora repetida desde la esclavitud en Babilonia y Egipto; inicialmente los judíos se asentaron en colonias que pocas veces fueron bienvenidas en los pueblos receptores. Durante los siglos siguientes, su territorio iba cambiando de dueño desde la Roma Imperial hasta los turcos otomanos, que imperaron en él durante siglos. El reencuentro beligerante entre los palestinos y pueblos árabes contra los judíos, comenzó a principios del siglo pasado y se concretó cuando la Liga de las Naciones decidió devolverles a los judíos el territorio que hoy ocupa el Estado de Israel.

Ha sido una guerra sin cuartel, con numerosos muertos y heridos, incontables violaciones a los derechos humanos, y permanentes  actos de barbarie de parte y parte. El odio entre estas naciones se acrecienta con el correr de los años y varios Estados poderosos han tratado de mediar para lograr la paz. El último intento es el que ha realizado el Sumo Pontífice.

En ese histórico evento el Papa Francisco pronunció conceptos  trascendentales que nos deberían servir a los colombianos para apaciguar los espíritus y dedicarnos a buscar la paz en forma dialogada, como la busca hoy el presidente Juan Manuel Santos. Ha dicho el Santo Padre:

«Para conseguir la paz, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez. Para todo esto se necesita valor, una gran fuerza de ánimo».

Y concluyó diciendo el Papa: «Hemos intentado muchas veces y durante muchos años resolver nuestros conflictos con nuestras fuerzas, y también con nuestras armas; tantos momentos de hostilidad y de oscuridad; tanta sangre derramada; tantas vidas destrozadas; tantas esperanzas abatidas… Pero nuestros esfuerzos han sido en vano. Ahora, Señor, ayúdanos tú. Danos tú la paz, enséñanos tú la paz, guíanos tú hacia la paz. Abre nuestros ojos y nuestros corazones, y danos la valentía para decir: ¡Nunca más la guerra; con la guerra, todo queda destruido. Infúndenos el valor de llevar a cabo gestos concretos para construir la paz».

Una reflexión: Inexplicable que tantos católicos sean hoy  los más enconados  enemigos de la paz que construye el gobierno de Juan Manuel Santos. Hoy, en Colombia, es imperativo votar por la paz, votar por Juan Manuel Santos.

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