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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

En los Estados verdaderamente democráticos el acceso al poder es factible para todos los grupos y partidos políticos. Solo en las dictaduras el poder está en manos de un partido o de una ideología en concreto, sin posibilidades de alternación en el gobierno. La moda que imperó en América del Sur, hasta ahora y casi durante dos décadas, fue la presencia de gobiernos de centro izquierda, con excepción de Colombia y de Perú. La derrota de Cristina Fernández de Kirchner y del llamado kirchnerismo a manos del derechista Mauricio Macri, en la Argentina, parece ser el comienzo del retorno de gobiernos de la derecha en esta parte del continente.

Siempre hemos entendido que para que exista plena democracia el voto debe ser universal y transparente, una condición necesaria pero insuficiente para la vigencia plena de la Democracia. Realmente ésta existe en todo su esplendor cuando se dan otras circunstancias, amén del voto universal y transparente: a- Parlamento con amplios poderes, b- Respeto por la oposición, c- Medios de comunicación absolutamente libres, d- posibilidades de alternación en el poder e- separación de poderes o de funciones públicas. Argentina, con el triunfo estrecho pero tranquilo de la derecha ha dado una demostración de la madurez de su democracia, lo deseable es que así suceda en el resto del continente.

Si bien es cierto que el panorama en Sur América no es monolítico, ni la izquierda es toda radical, sí presenta una tendencia centro-izquierdista en la mayoría de sus Estados. En algunos de ellos, como en el Ecuador, los resultados han sido buenos; en otros, como  Venezuela, la situación es caótica y difícil en lo económico, en lo social y en lo político. Ecuador ha mejorado su economía, la infraestructura vial es un milagro por su transformación y la estabilidad política está consolidada.

Chile y Brasil, no obstante sus gobiernos socialistas, ha practicado la libertad de mercados. En Chile la alternación con la derecha acaba de sufrir un episodio al pasar de un gobierno de centro izquierda (Michelle Bachelet) a un gobierno derechista (Sebastián Piñera) y volver a un gobierno de centro izquierda (Michelle Bachelet). En el Brasil la izquierda domina el panorama político desde enero de 2003 cuando accedió a la presidencia Luis Inacio Lula da Silva, seguido por Dilma Rousseff. Seguramente los actos de corrupción denunciados y en los que ha resultado involucrado el partido de gobierno, el Partido de los Trabajadores, dará al traste con los diez y seis años de gobierno continuos que tendrá este partido. La corrupción y los problemas económicos de este gigante suramericano seguramente facilitarán la presencia de partidos de centro o de derecha en los próximos gobiernos del Brasil.

Uruguay ha vivido una primavera y un refrescamiento democrático con el gobierno de José Mujica y su continuador Tabaré Vásquez. Gobiernos de izquierda con respeto por la democracia, las instituciones y de un humanismo reconocido. Mujica es hoy una sensación en América Latina y sus lecciones de vida son replicadas por todas las redes sociales.

La alternación en el poder es bienvenida. La posibilidad de que todos los partidos y movimientos políticos sean opción democrática, fortalecen la democracia y la refrescan.

 

 

 

 

 

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