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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

En varias ocasiones he denunciado desde estas columnas la  presencia ilegítima de dinero en las campañas políticas. También afirmo que los partidos políticos pierden cada vez más el control sobre las distintas candidaturas a corporaciones públicas y a  las alcaldías municipales, pues estas son tomadas por contratistas, proveedores y hasta por grupos al margen de la ley.

Los partidos políticos quedaron limitados a entregar avales a los candidatos y hasta aquí llega su presencia en los debates electorales porque la campaña queda por cuenta del “financiador” de turno. Hace poco unos contratistas hablaban de cómo les había ido en los pasados comicios y daban cuenta, sin ningún pudor, en cuáles municipios habían logrado imponer su candidato a la alcaldía y en cuáles habían perdido. Seguramente donde perdieron lo hicieron a manos de otro grupo de contratistas o de organizaciones non sanctas.

Algunos contratistas, afortunadamente no son todos, se agremian para financiar sus candidatos y aseguran la tasa interna de retorno con la exclusividad de la contratación de las obras o servicios de la municipalidad. Hoy es fácil percibir la disputa electoral por estas fuerzas extrañas a la democracia.

El dinero ronda abierta y descaradamente durante elecciones y en los días previos. Es triste la compra de votos al por mayor y al detal. Se compran al por mayor grupos enteros de ciudadanos a través de los jefes de combos o a través de los líderes de organizaciones, grupos, etnias, que luego sin pudor ostentan plata y en otros casos estrenan carros, viviendas, propiedades. También se corrompe al elector comprándole su voto al menudeo, en precios que van desde cincuenta mil a cien mil pesos. La policía ha sido incapaz de controlar esta nefasta práctica que va extinguiendo nuestra precaria democracia.

Es saludable para lo que nos queda de democracia lo que sucede en algunas grandes ciudades y algunos pocos pueblos, donde la opinión pública es superior a esas prácticas corruptas. En el caso de los gobernadores es muy difícil comprar el voto a una población tan numerosa y dispersa en el territorio. El mal pues se circunscribe a municipios y ciudades intermedias.

Es un campanazo de alerta. El crecimiento de estas corruptelas es escandaloso. Los comentarios son muchos y no siempre provienen de malos perdedores sino de ciudadanos alejados del mundo político que ven con asombro cómo el dinero viene corrompiendo, especialmente, la democracia municipal.

Notícula. Sonora fiesta organizó el sindicato de EDATEL cuando conoció que la Junta de la empresa había prescindido del gerente de la misma, Juan Fernando Prats Muñoz. Sus pésimas relaciones interpersonales ya las habíamos dado a conocer en esta columna y rayos y centellas nos llovieron en su momento.

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