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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Esta semana conocimos dos encuestas de opinión,  diferentes en su origen y en los resultados para la alcaldía de Medellín. De un lado, RCN publicó una contratada con Napoleón Franco y del otro, la competencia, Caracol Radio, publicó otra realizada por Polimétrica de César Caballero. Fueron efectuadas en el mismo tiempo y utilizaron metodologías diferentes. Cuando encuestas diferentes son serias y elaboradas responsablemente, los resultados deberían ser semejantes. En el caso que comento no fue así y para muestra un botón: En la de Napoleón Franco, Federico Gutiérrez fue el primero en intención de voto y en la otra fue el último. He creído que son dos firmas encuestadoras respetables, pero en esta ocasión una de las dos se pifió, dicho sea con prudencia. En esta materia se reclama regulación y autoregulación desde hace muchísimos años y en todos los tonos.

Al analizar la encuesta de Caracol Radio, aparece Alonso Salazar con el 20 % de intención de voto y un triple empate en el segundo lugar para Eugenio Prieto, Juan Carlos Vélez y Gabriel Jaime Rico con un 16 %. En plata blanca, un empate técnico entre estos cuatro aspirantes a la alcaldía de Medellín: Si las elecciones fueran hoy, cualquiera de ellos tiene la posibilidad de ganarlas, cuando estamos a escasos ochenta días de los comicios.

Llama la atención el empate entre Prieto y Rico. Mientras Rico colecciona a casi toda la clase política tradicional antioqueña y los avales o respaldos del partido Conservador, Cambio Radical, la U y a casi todos los parlamentarios liberales y tuvo la oportunidad durante varios meses de hacer publicidad para recoger firmas, e inscribirse por este mecanismo, a Eugenio Prieto solamente lo respalda un sector del partido Liberal y algunos grupos independientes. A Rico también  hay que abonarle que ha podido adelantar una campaña económicamente boyante gracias al respaldo de firmas contratistas.

Sobre Eugenio Prieto se ha ejercido un verdadero “bullying” político: A diario le atribuyen su inminente renuncia a la candidatura para aceptar importantes cargos, le publican encuestas sospechosas y lo que es peor, le dividieron a su partido con alevosía e irrespeto.

Este certamen electoral ha dejado claro que en Colombia no existen partidos políticos serios e institucionalizados; ninguno escapa de la politiquería y de la zancadilla. En el liberalismo, por ejemplo, existen dizque jefes que no creen en su propia organización ni atienden a sus conductores. Son felices falseando a su propio partido y cometiendo yerros mucho más graves: Los congresistas expiden leyes que ellos mismos burlan, como por ejemplo la llamada Ley de Bancadas. Es como para no creerlo, macondiano. Se realizan consultas o encuestas para buscar los candidatos de un partido y al día siguiente los mismos signatarios del acuerdo, huyen o se esconden. Conozco dirigentes navegando en varias aguas para apuntarse al ganador y lo peor, buscando la caída electoral del amigo y copartidario para emerger como jefes.

Eugenio tiene una trayectoria, un nombre, una imagen, pero además, es quien encarna la continuidad de la actual administración de Aníbal Gaviria, el alcalde más popular y de mayor reconocimiento, quien está ejerciendo una alcaldía eminentemente liberal en busca de lograr una sociedad más equitativa y con respeto por la vida como valor supremo.  Si Eugenio logra comunicar bien todo ello, será el próximo alcalde de Medellín, a pesar de no contar con el respaldo de todos los congresistas de su partido.

¿Cómo sería si toda la Unidad Nacional estuviera respaldando a Eugenio Prieto, cuando hoy enfrentado a todos ellos está tan cerca de obtener la Alcaldía?

 

 

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