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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Pasados quince días del certamen electoral que reeligió presidente de los colombianos, no me voy a ocupar de los temas que influyeron decisivamente en el resultado final.

Los opinadores han explicado lo definitivos que fueron los debates en la televisión, la focalización de la discusión en el tema de la paz, lo impactante del mensaje de doña Mercedes Plata, lo desafortunado de algunas argucias del Centro Democrático, el cambio de la campaña Santista al entregarle su dirección al ex presidente César Gaviria, la casi monolítica posición de la gran prensa en favor del doctor Santos, las adhesiones de Clara López y sectores mayoritarios del Polo Democrático, el apoyo de Gustavo Petro y de los Progresistas, el destape Santista de muchos dirigentes conservadores y del partido Verde, el mensaje avasallador de éstas y otras adhesiones de la semana anterior al día electoral. Todos estos temas, por harto debatidos, son de dominio público.

Sobre sectores focalizados de la opinión pública influyeron otros temas y de ellos me ocupo ahora.

La rama judicial votó mayoritariamente por Juan Manuel Santos. He escuchado a compañeros de cátedra y a funcionarios judiciales manifestar que Álvaro Uribe siempre ha chocado con la justicia, bien desde el gobierno, bien ahora desde su posición de jefe político. Tampoco le perdonan lo que ellos consideran un simbolismo ofensivo: cuando se presentó a la fiscalía, se negó a entregar unas pruebas que supuestamente tenía en contra de la campaña del presidente Santos y se hizo lustrar sus zapatos.

La propuesta de Oscar Iván Zuluaga de aumentar la escolaridad de nuestros alumnos a ocho horas diarias, impactó negativamente su campaña. Conozco varias anécdotas de niños exigiéndoles a sus padres votar por Juan Manuel para que no los hicieran ir a la escuela todo el día. Esta propuesta, posiblemente bien intencionada en aras de mejorar la calidad de la educación, era por lo menos irrealizable en las grandes ciudades donde los locales educativos están sobre utilizados en varias jornadas; llevarla a cabo implicaría duplicar las construcciones escolares, asunto bastante utópico.

La oposición a las viviendas gratis y el desconocimiento del conflicto armado, que hizo el doctor Oscar Iván Zuluaga, también implicó un cambio en la intención de voto de muchos electores: Mientras el candidato presidente proponía la construcción de 300.000 nuevas viviendas gratis en los próximos cuatro años, Zuluaga afirmó en los debates que por las viviendas habría que pagar, así fuera una pequeña mensualidad. Sostener que en Colombia no existe conflicto armado también asustó a las víctimas de la violencia que padece Colombia hace más de 50 años: los pregoneros del Santismo se encargaron de recordarles a las víctimas que si no existía conflicto, menos irían a existir víctimas. Craso error en el que ha caído, desde hace años, la derecha colombiana en este asunto.

Entre los ganaderos y lecheros se presentó una dicotomía: de un lado los grandes productores, quienes por afinidad ideológica se hicieron de parte de los doctores Uribe y Zuluaga; de otra parte,  el pequeño productor temeroso de un gobierno que reviviera viejos conflictos con Venezuela, uno de nuestros principales compradores de leche y de ganado, se filaron con el doctor Santos. Los caficultores fueron monolíticos: todos se alinearon con el binomio Uribe-Zuluaga y entre la campaña Santista llamó poderosamente la atención este fenómeno, pues el Presidente ha sido, con los subsidios a los precios de la carga del café, el que más dinero le ha entregado a este sector de la economía.  En una reunión sostenida en la ciudad de Medellín entre los jefes de campaña de Santos Presidente con el expresidente César Gaviria, algún asistente acotó sobre el tema lo siguiente: “Se nos olvida que fue el Uribismo el que ayudó a organizar los paros cafeteros que condujeron a conseguir esos subsidios”. Seguramente esta es la explicación del gusto caficultor por la oposición.

Otro tema que pudo haber influído para que sectores universitarios y sociales con formación académica votaran por la reelección, fue el temor a la enorme concentración de poder que lograría el expresidente Uribe Vélez, si hubiese triunfado Zuluaga.

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