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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Esta semana se conoció la renuncia a su curul de senador del doctor Eugenio Prieto Soto e inmediatamente un grupo de dirigentes liberales le reclamó al renunciante su actitud y algunos de ellos anunciaron su negativa a acompañar al doctor Prieto a la aspiración que se lance.

No podemos llamarnos a engaños. La situación de la colectividad roja no es la mejor en la región y sus posibilidades de éxito en la Gobernación de Antioquia y en las Alcaldías de nuestros municipios, no son muy esperanzadoras. Y, para decirlo con toda sinceridad, en Medellín y en el departamento es necesario aunar fuerzas con otras colectividades si quiere el liberalismo continuar teniendo presencia en uno de esos dos cargos. Obvio, unir esfuerzos y votos es no solamente un imperativo de todos los partidos políticos en esta región. Puede ser que tal vez el Centro Democrático sea el único en condiciones de dar una batalla decorosa en ambas posiciones, los demás requieren de hacer coaliciones, inclusive el Partido Conservador, tan fuerte en Antioquia.

El liberalismo tiene algunos factores a favor que lo pueden hacer digno representante para disputar, en coalición, o la Gobernación o la Alcaldía de Medellín: la gestión que realiza Aníbal Gaviria al frente de los destinos de la ciudad capital comienza a ser reconocida por tirios y troyanos. El año entrante el alcalde Gaviria Correa hará entrega e iniciará muchas obras que van a transformar a Medellín. Ese es un activo liberal que se puede aprovechar. Un candidato de las calidades, cualidades y reconocimiento que tiene Eugenio Prieto Soto es otro valor agregado que tiene el liberalismo paisa. Desechar o descalificar a uno de los pocos bermejos en condiciones de llegar a esas altas dignidades, como lo es Eugenio, es un pecado mortal en el cual no pueden incurrir algunos jefes liberales, por más razones personales que tengan. Es hora de pensar en grande, de abandonar los personalismos. Es la hora de pensar en Antioquia y en los servicios que el partido le puede seguir prestando a la región.

Pero también se impone la unidad de varios partidos políticos, interesados en el bien del departamento y sus municipios, para lograr llevar a los mejores y más preparados a esas dignidades en contienda. Deberíamos estar cerrando filas en torno a un excelente candidato para mostrarlo a otras colectividades y con ellos emprender caminos de éxito.

De otra parte, este fin de semana se conocerán las regulaciones que el liberalismo hará de los sistemas para entregar avales para alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas. Aspiramos a que impere la grandeza y que el partido no termine convertido en una colectividad prisionera de sus parlamentarios, como se ha pretendido, con intentos inclusive de excluir de las decisiones a los dirigentes que no fueron escogidos en las elecciones pasadas para Cámara y Senado. Los partidos políticos son expresiones de sus bases y sus dirigentes y parlamentarios, los intermediarios entre el pueblo y el Gobierno y no los dueños de la colectividad. Así que, prudencia, señores parlamentarios liberales, el momento exige grandeza.

 

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