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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Comienzan las campañas para las elecciones regionales en Colombia y empieza también a hacerse visible desde ahora las posiciones de grupos políticos y de prosélitos alrededor de los precandidatos ya alineados en el partidor.  Y hay asuntos casi imperceptibles, pero que desde ahora hacen que nos preguntemos por la calidad y la transparencia del debate que se avecina.  Debemos ponerlos sobre la mesa si queremos elevar la cultura política en un país que poco avanza en esa materia.

 

Llamo la atención sobre cómo reputados académicos han hecho visible su simpatía por candidatos y más aún, los están acompañando políticamente.  Pero con un grave pecado: usando la academia como albergue de sus propios intereses.

 

Un reputado centro universitario acaba de celebrar con El Colombiano, el primero de varios foros de ciudad que pretenden analizar la realidad de Medellín en varios temas de relevancia social.  Ello no tendría nada de malo o sospechoso, si quienes lideraran esa estrategia fueran expositores objetivos.  Pero deja un enorme interrogante que los líderes de este proyecto sean, al interior de la universidad, personas quienes abiertamente en sus redes sociales y en otros escenarios, apoyan de frente candidaturas conocidas y reconocidas a la Alcaldía de Medellín.  Y entonces la reflexión es: ¿Pueden estos señores, amparados en el poder y la confianza que les da una universidad de conocida reputación e historia, apalancar la campaña de un candidato a través de escenarios “académicos” que sin duda pierden su legitimidad frente a sus intereses ya marcados? Creo que los académicos deberían por lo menos advertirle a la opinión pública en todos los escenarios en que opinan, que ellos son activistas de una campaña.  Podría admitirse tal comportamiento en ellos si la universidad consiente esta práctica y ha decidido desde ya que su candidato sea alguno de los que están en el escenario político.  Total derecho le asiste al centro universitario, pero dudo mucho que un claustro histórico, intelectual y pluralista, tome posición por un candidato.  La misma reflexión cabe frente al diario El Colombiano.  ¿Saben sus directivos las posturas de estos señores o el diario ya también ha tomado posición, absolutamente respetable y entendible, sobre su apoyo en estas elecciones a la alcaldía de la ciudad? ¿Los académicos estaban, por ejemplo, haciendo un análisis objetivo de la seguridad de Medellín en el pasado foro o estaba sirviendo con su presentación y argumentos a la campaña del candidato ya mencionado para favorecerlo? ¿Cómo se define cuál es la real intención de sus análisis? ¿No debería advertirles a los asistentes?

 

Está claro que todos tenemos derecho a expresar una postura ideológica y política y más en la academia.  Estamos en una democracia.  Y todos tenemos igualmente el derecho de apoyar una propuesta o campaña que creemos en nuestro interior puede ser útil para la ciudad.  Lo que no cabe en este proceso electoral que apenas está calentando motores, es menguar la claridad debida a la opinión pública

En mi caso personal tengo candidato, soy activista político pero nunca he vinculado los establecimientos educativos donde he laborado o laboro a las actividades de mis candidatos.

 

 

 

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