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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Todos somos conocedores de que las encuestas se han convertido en un mecanismo de campaña electoral y bien poco se utilizan como elementos de información o de trabajo para las distintas campañas. Famosa es la historia que cuenta Rodrigo Llano Isaza cuando en la campaña del doctor Virgilio Barco Vargas se dio la instrucción a una firma encuestadora para que paulatinamente fuera ascendiendo en estos instrumentos al candidato Liberal, lo que evidentemente sucedió al final.

La opinión pública en Antioquia ha sido invadida en los últimos días de un número generoso de encuestas que muestran resultados absolutamente disímiles y contradictorios. Me dirán que cada una utiliza metodologías distintas y que los comparativos se deben hacer con aquellas que utilizaron igual sistema o con los resultados anteriores de la misma firma. Si la opinión es medida técnicamente, es lógico que los resultados sean muy similares. Tal vez el único elemento común en todas es el reconocimiento que en la ciudad tiene el exalcalde Alonso Salazar Jaramillo quien encabeza todos los estudios de opinión. Obvio, permanece estancado en los resultados y eso coincide con la imagen desfavorable que tiene y que es un poco superior a la de sus émulos. Lo que no parece serio, por ejemplo, son los resultados que obtiene el doctor Eugenio Prieto Soto. Mientras por un lado ocupa el segundo o tercer lugar en algunas encuestas, por otro es el último en otras. Parece que la guerra de encuestas busca otros resultados y no conocer la realidad de lo que sucede con la ciudadanía.

Lo que no pueden hacer los candidatos, ni la clase dirigente es desconocer las encuestas o aceptar las que le son benéficas y rechazar las otras. Pero lo que sí podemos hacer todos es exigirle al Consejo Nacional Electoral una reglamentación seria y exigente para las firmas encuestadoras, con procedimientos éticos, claros y revisables. Recuerdo hace cuatro años cómo personalmente cuestioné al aire, en entrevista con Julio Sánchez Cristo en Radio W, una encuesta sobre la alcaldía de Medellín y en confrontación con el gerente de la firma encuestadora éste aceptó algunas de mis observaciones. Al aire, el mismo periodista que era quien había pagado la encuesta, le solicitó repetirla a los ocho días y evidentemente los resultados fueron diametralmente opuestos a los que contenía el instrumento que cuestioné. El audio aún se conserva en la internet.

Notícula. Tengo una seria preocupación por la pérdida de la memoria que observo en el doctor José Diego Gallo Riaño. Resulta que José Diego afirmó recientemente que uno de los motivos de su retiro de la Secretaría de Infraestructura del Municipio de Medellín obedecía a su negativa a acompañar a la doctora Sofía Gaviria en su candidatura al Senado de la República. Olvidó José Diego que cuando apenas se insinuaba la posibilidad de la candidatura de Sofía Gaviria al Senado de la República, él, el mismísimo Gallo Riaño, reunió en su casa de las laderas orientales de Envigado a más de un centenar de personas, para pedirles que apoyaran la naciente aspiración de la hoy senadora. Aún recuerdo a una docena de asistentes a ese evento que pueden dar fe de mi aserción. Antes de lanzar afirmaciones carentes de realidad, el exfuncionario de Medellín debería revisar si es que está perdiendo la memoria selectivamente.  ¡Y éste no es el único olvido!

 

 

 

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