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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Todo hay que preverlo, incluyendo la posibilidad de que en la segunda vuelta de la elección presidencial triunfe el candidato del doctor Álvaro Uribe. Las consecuencias de esa elección no parecen muy asimiladas por los sectores opuestos a los designios de la extrema derecha, que torpemente hoy sirven en bandeja de plata las posibilidades de triunfo a este sector del espectro político.

Un triunfo de Zuluaga traería aparejado un realinderamiento de todas las organizaciones políticas que hoy tienen vigencia en el panorama nacional. Nada difícil que vastos sectores de la U y del partido Conservador terminen “ayudándole” al nuevo gobierno desde el Congreso para facilitar su gobernabilidad. Consolidada una mayoría parlamentaria, al gobierno y al Centro Democrático le quedaría sumamente fácil comenzar su posicionamiento nacional con la toma de la procuraduría, la contraloría, la fiscalía y paulatinamente la de la Corte Constitucional, la Junta del Banco de la República, el Consejo Superior de la Judicatura y demás órganos donde el congreso y el ejecutivo tengan injerencia en la designación de los mismos. Consolidado el poder, queda servida en bandeja de plata la posibilidad de tramitar una reforma constitucional que permita la convocatoria de una asamblea constituyente que autorice la reelección indefinida. Uribe volvería al poder ya no por interpuesta persona. Lamentable y ciertamente a eso estamos abocados con un posible triunfo de Zuluaga.

Cuando el doctor Uribe ganó en el año 2002 la presidencia de la República, sus amigos manifestaron públicamente que este era un proyecto para 15 o 20 años. Proponer la primera reelección y luego intentar la segunda no fue más que el cumplimiento de esos propósitos. Integrantes de la tertulia “Hildebrando Giraldo” somos testigos de estos pronósticos que allá hicieron connotados jefes hoy del Centro Democrático, pronósticos que finalmente no se cumplieron por un fallo histórico de la Corte Constitucional que prohibió la segunda reelección por considerarla una sustitución constitucional, efectuada por el constituyente secundario y además por la actitud independiente de Juan Manuel Santos de no dejarse manejar por su mentor. El camino para la reelección indefinida, lo dejó en claro la Corte, es una asamblea constituyente. A fe que esos propósitos de hace 12 años y que parecían fallidos, es lo que hoy tiene al doctor Uribe Vélez en una lucha sin cuartel y sin piedad por obtener nuevamente el poder y hacerse a él directamente.

Una encuesta realizada en la semana que termina por la empresa Cifras y Conceptos para la cadena radial Caracol, nos mostraba cómo el único segmento de la sociedad colombiana donde Juan Manuel Santos derrotaba con contundencia al candidato Zuluaga era el de los universitarios y los profesionales. En esas esferas sociales ya comprendieron las maniobras que se avecinan con un hipotético triunfo del candidato del doctor Uribe Vélez y obvio, existe temor por la suerte de nuestra democracia.

Las retaliaciones que se anuncian por destacados agentes del Uribismo en sus trinos por la red social twitter, son otro fenómeno que asusta a los electores.

Por fortuna para la democracia, se observa una movilización generalizada en defensa de la paz y de la democracia.

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