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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Resultan escandalosas las abismales diferencias de los precios de los medicamentos entre Colombia, Ecuador y Venezuela. No he podido encontrar una explicación lógica al irracional valor que para los consumidores colombianos tienen los medicamentos, diferencias que dicen los conocedores del tema se han incrementado a partir de la expedición de la circular del 4 de septiembre de 2006, suscrita por los ministros Diego Palacio Betancur, de Protección Social y Jorge H. Botero de Comercio, Industria y Turismo y que decretó la libertad de precios de tales elementos de consumo.

Algunos de los múltiples ejemplos que poseo nos ilustran claramente la inexplicable diferencia que denuncio, y advierto que todas las comparaciones se hicieron con productos de la misma referencia y marca: El Plavix de 75 mg, medicamento indicado para prevenir acontecimientos aterotrombóticos, cuesta en Colombia $215.000 la caja de 28 tabletas, cuando en el Ecuador vale $52.000, y en Venezuela, $32.000. La Atorvastatina de 20 mg, medicamento utilizado para disminuir los niveles de colesterol en la sangre y prevenir las enfermedades cardiovasculares, en Colombia cuesta 29.600 la caja de 10 pastas; en Ecuador, $13.000, y en Venezuela, $4.080. El Losartán de 50 mg, medicamento utilizado para combatir la hipertensión arterial, la caja de 30 pastas cuesta en Colombia $12.000; en Ecuador, $5.400, y en Venezuela, $1.940. El Glucophage, medicamento para la diabetes, cuesta en Colombia $32.000, mientras en Venezuela tiene un valor de $900. La caja de 28 pastas. Janubia de 100mg, otro medicamento para la diabetes, cuesta en Colombia $92.000, cuando en Ecuador el costo es de $42.000.

En Ecuador y Venezuela muchas personas de las clases media y alta están adquiriendo, de diferentes maneras, los medicamentos que no les suministran sus EPS en forma gratuita. Es triste que los más pobres, cuando pueden, tienen que adquirir a precios de escándalo sus medicamentos aquí en Colombia. Alguna explicación tienen que dar las autoridades colombianas, pero es más grave, cuando la salud de la inmensa mayoría de colombianos corre por cuenta del mismo Estado, es ilógico que exista libertad total o libertad vigilada de precios, cuando quien primero tiene que hacer inmensas erogaciones es el mismo Gobierno para poder pagarles a las multinacionales de este lucrativo negocio unas drogas a precios altísimos. He buscado en múltiples documentos que se han publicado sobre la reforma a la salud que proyecta presentar al Congreso el ministro de Salud Alejandro Gaviria en las próximas sesiones ordinarias y nada se dice sobre el tema. Es posible que sea la grata sorpresa de la reforma prometida.

Hace pocos años, un estudio realizado por Health Action International, HAI demostró que en Colombia los precios de los medicamentos eran los más costosos de todo el mundo. Recogió datos en 93 estados para comparar el precio del ciprofloxacino, un antibiótico de uso común, y encontró que el precio en estos países iba desde los 31 dólares en la China hasta los 131 en Colombia y afirmó que en Colombia “la marca original es 60 veces el precio del genérico de menor precio. Un paciente colombiano paga 200 veces más el precio que pagaría en cinco países asiáticos, donde el precio de los genéricos era inferior, una diferencia de casi 20.000 %”.

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