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Por Ramón Elejalde Arbeláez

El pasado 15 de los corrientes, cerca de Puerto Valdivia, un grupo subversivo, que según los organismos de seguridad del Estado son la Farc, asesinaron al joven estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana Jáiver José Vergara Pupo.

Jaiver cursaba el 4 ° semestre de Derecho y cumpliría 22 años el próximo 8 de noviembre. Aquel día se desplazaba en un vehículo de servicio público desde su ciudad natal, San Marcos (Sucre) a Medellín, después de visitar a su padre. Venía con el ánimo de terminar bien su semestre y de seguir representando a su facultad en el equipo de fútbol, del que era arquero titular y capitán. El bus venía absolutamente copado con estudiantes que habían ido a sus pueblos a disfrutar del puente de esas fechas, incluídos dos de los cinco hermanos de Jáiver José. A cinco minutos de Puerto Valdivia, cuando casi todos los pasajeros dormían, pues eran ya las 12 de la noche, la calma del viaje fue abruptamente suspendida por varias ráfagas de disparos al aire. Segundos después, los asaltantes dispararon directo a la cabina del conductor y finalmente, ante la actitud valiente de este, al decidir  continuar con su ruta para impedir caer en manos de los delincuentes, optaron por disparar directamente a los pasajeros. Cuatro disparos de fusil hirieron a Jáiver, quien venía dormido en el puesto 18 y al parecer no se dio cuenta de que perdía la vida.

Jáiver vivía en Medellín desde hace siete años con sus hermanos, y su madre, quien administra una pensión para estudiantes venidos especialmente de la costa Atlántica, para poder sostenerlos en sus estudios y necesidades básicas. Es una familia de clase media-baja, como lo corrobora también el vehículo en el cual viajaba.

Jáiver José era alegre, divertido, respetuoso, buen estudiante y dejaba la impresión en sus nuevos amigos de que era tímido. El América de Cali y el Barcelona español perdieron a un excelente hincha; esos clubes eran su debilidad y su pasión. La música de Kaleth Morales, el cantautor vallenato ya fallecido en la plenitud de su juventud, era otro de sus  hobbies.

¿Sabe amable lector por qué el joven Vergara Pupo estudiaba derecho? El gran objetivo de su vida era ser alcalde de su pueblo natal: le preocupaba la indolencia de algunas de sus administraciones y tantas necesidades básicas insatisfechas que sumían a su pueblo en grandes carencias. Le dolía su gente.

Soy un gran defensor del proceso de paz del presidente Juan Manuel Santos. Estoy absolutamente convencido de que a la paz solo llegaremos mediante el diálogo, pero preocupan estos actos demenciales de violencia. Hace mucho tiempo que la subversión perdió su norte: no puede ser posible que el pueblo que dicen defender sea el objetivo de sus balas asesinas. No puede ser que en este o en cualquier otro caso, la población civil sea la víctima de su accionar. Supuestos revolucionarios que asesinan a su propio pueblo, actúan sin fundamento ni claridad. Son simples bandoleros.

El América de Cali perdió a uno de sus más fieles hinchas; San Marcos perdió a un líder en ciernes y Kaleth Morales ganó un nuevo compañero para que en el más allá le ayude a interpretar vallenatos; la Universidad perdió un buen prospecto de abogado y buen amigo.

 Eso sí, también las Farc siguen perdiendo el escaso sustento popular que alguna vez pudieron tener.

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