Universidades con bajas matrículas.

Un merecido reconocimiento
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Carta abierta a J. M. Santos
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Desde hace unos dos años se viene notando una paulatina disminución de estudiantes nuevos en las instituciones de educación superior. Varias son las explicaciones que los expertos y directivos universitarios dan al preocupante hecho. Miremos algunas de esas posibles causas.
Se puede afirmar inicialmente que la disminución de población joven, tiene evidentemente que impactar en la educación en todas sus formas. La procreación responsable va mostrando resultados. Pero esta no es la única razón de ser del fenómeno preocupante. El famosísimo creador del emporio informático de Apple Inc y máximo accionista de The Walt Disney Company, señor Steve Jobs, siempre se jactó de no tener un título universitario y ser una persona demasiado exitosa en la vida. Realmente lo fue. Hoy muchos jóvenes no ven en la universidad la forma de romper la inamovilidad social, sino como una perdedera de tiempo para ser exitoso rápidamente. Terrible error, no todos nuestros jóvenes tienen las oportunidades, el don y la fortuna de hacer lo que logró Steve Jobs.
El discurso gubernamental, de los empresarios y de los gremios, cuestionando la universidad que no produce el profesional que requieren o con las competencias adecuadas y pidiendo más mano de obra tecnificada que profesionales, es otro mensaje que puede ser bien intencionado pero que también está causando efecto sobre las bajas matrículas nuevas, en las instituciones de educación superior. La sociedad requiere técnicos y tecnólogos, de manera evidente, pero es igualmente necesario el profesional. Llegará el día en que el mercado estará inundado de los primeros y con carencias de los segundos.
Otro fenómeno preocupante es la excesiva oferta que existe hoy en Colombia, la proliferación de centros de educación superior, muchos de ellos de cuestionable calidad, se han multiplicado y esa competencia viene golpeando fuertemente a las universidades tradicionales y reconocidas. No lo digo como una crítica a la existencia de más cupos, sino a la apertura de algunos que no llenan los requisitos y las expectativas de una formación de calidad. Hoy muchos estudiantes buscan el diploma, no importa quien se los entregue y no una formación óptima.
También es evidente que la universidad se tiene que poner a tono con los tiempos que corren. No podemos seguir formando en instituciones con métodos del siglo XIX a los jóvenes del siglo XXI. La transformación se hace inminente y necesaria. La universidad tiene que modernizarse.
El Estado tiene que ser más riguroso con las exigencias para la apertura de nuevos programas y nuevos centros educativos, a los existentes no puede pretender estandarizarlos estilo universidades de élite. La calidad, la visión y la misión de cada institución tienen impactos distintos. Exigir calidad pero permitirles a las instituciones que tengan vuelo propio, que construyan su propio camino y que atiendan al desarrollo regional.
Llegó la hora de que las universidades se miren al espejo y se autorreformen, antes que el mercado las destruya.

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