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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Siempre he sostenido en todos mis escritos que una de las funciones más importantes de las corporaciones públicas es el control político. En el Congreso, luego de la función constituyente y la legislativa, el control político es fundamental. Igual sucede en los concejos y en las asambleas. Cuando leo a opinadores cuestionar las fuertes discusiones en estas corporaciones, me lamento de que ellos no comprendan la necesidad ni la importancia de ese control a la Administración. Si existieran más de estos debates, seguramente la corrupción sería menor.

Obvio que el debate tiene que ser serio, argumentado, juicioso. El integrante de una corporación pública que cite a un debate pretendiendo únicamente amedrantar al citado para luego exigirle puestos o contratos es un vulgar chantajista y no un buen concejal o diputado o parlamentario. Me reafirmo en lo que siempre he sostenido: bienvenidos los debates porque ellos arrojan luz sobre las actuaciones de los administradores de los asuntos públicos.

No me son extraños ni censurables los debates que realizan concejales y medios de comunicación sobre las Empresas Públicas de Medellín, ellos son saludables para la ciudad. Pero sí es importante recalcar que los debatientes tienen también una obligación como buenos ciudadanos y es argumentar bien lo que se dice, averiguar al extremo lo que se piensa denunciar y respetar no solo la verdad sino la historia y la tradición de una empresa tan querida por los antioqueños y tan bien administrada desde su fundación. EPM es una joya que hay que preservarla no solamente de los malos administradores, sino de comentarios ligeros o suposiciones.

La defensa de las Empresas Públicas de Medellín, que esta semana hacía el exalcalde de la ciudad, doctor Aníbal Gaviria Correa es una obvia sugerencia a los críticos de la anterior administración para que profundicen en sus indagaciones y ligeras apreciaciones y no den al traste con una historia bien ganada a través del tiempo.

EPM es hoy tal vez la entidad estatal colombiana con mejor reconocimiento por las calificadoras de riesgos. Que ella salga a conseguir dinero o a colocar bonos en el mercado, es tarea fácil por su prestigio. Por eso todos debemos ser cuidadosos en lo que afirmamos, para no causar un daño innecesario a nuestra más preciada empresa. Pero reitero, mis apreciaciones no son una invitación al reconocido “tapen, tapen”.

Las explicaciones que Jorge Londoño de la Cuesta brinda sobre el contrato de adjudicación de la obra de ingeniería más grande que adelanta el país, Hidroituango, son serias y convincentes. Todos deberíamos escucharlo y valorar lo que se dice. También tiene argumentos para defender la compra de Aguas de Antofagasta. Estas posiciones del gerente del Grupo Empresarial deben servirles a quienes hacen el control político para que agucen sus indagaciones y ayuden en la claridad de los temas.

Yo resumiría: Hasta el fondo en la búsqueda de la verdad, pero con juicio, no sea que indagando por una supuesta corrupción le hagamos un daño irreparable a una institución que queremos y es ejemplo de buen gobierno.

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