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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Cuando antaño se presentaba un hecho inédito entre la población, que por lo mismo producía asombro, nuestros abuelos catalogaban el insuceso como “la tapa del congolo”. La venta de Isagen realizada esta semana por el gobierno a una empresa canadiense, es eso: “la tapa del congolo” del presidente Juan Manuel Santos.

Las manifestaciones de rechazo, casi unánimes en las redes sociales y tímidamente en las calles de las grandes ciudades, no fueron escuchadas ni por el presidente Santos, ni por su ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. La indignación es total, especialmente por la manera olímpica como se despreció la protesta popular. Tengo que señalar que a la oposición al Gobierno representada por el Centro Democrático, el partido Verde y el Polo Democrático, se unieron otros sectores políticos afines a la Unidad Nacional, es decir a Juan Manuel Santos, que también rechazaron y se opusieron a la atrevida decisión gubernamental.  Así lo hicieron el partido Liberal, un sector del partido Conservador y tímidamente algunos integrantes del partido de la U. Solamente el minoritario partido Cambio Radical, el del Vicepresidente Germán Vargas Lleras, avaló semejante adefesio.

Increíble que un Presidente que está construyendo puentes de paz con la principal guerrilla del país, ahora decida, en un acto desafiante contra la opinión de los colombianos, vender un activo estratégico de la nación, entregándolo a una empresa privada extranjera que solamente viene con el interés de obtener rentabilidad. Nada más contrario a los propósitos de paz que este acto de soberbia contra el pueblo y sus más caros intereses.

Santos y Cárdenas han decidido entregar más de 23 mil hectáreas de bosques y espejos de agua que eran propiedad y para provecho de todos los colombianos a unos extranjeros que simplemente vienen a explotar el negocio en detrimento del medio ambiente, de la economía y de la soberanía nacional; ahora los nuevos dueños podrán recuperar la inversión solamente con la generación y venta de energía usando las aguas actualmente en embalses, y luego buscar otros compradores que quieran seguir ordeñando a los colombianos. Nadie duda que el incremento de las tarifas de energía los próximos años, serán las que dicten los intereses de los negociantes extranjeros y no las que el pueblo colombiano tolere o aguante. Isagen era un gran regulador de precios que protegía el bolsillo de todos nosotros.

Hay ocasiones en que los activos del Estado corren peligro frente a la competencia y la tecnología de empresas extranjeras, pero este no es el caso que nos ocupa. Isagén no solamente no corría peligro frente a ningún generador o transmisor de energía sino que era un activo altamente rentable para las obras de progreso que el Estado fuera requiriendo y que los particulares no acometen por los altos riesgos durante la construcción. A estos inversionistas les encanta comprarlos cuando están rindiendo utilidades con el mínimo riesgo.

El Estado no le podrá exigir a los extranjeros las inversiones ambientales y sociales que Isagen realizaba en sus zonas de influencia y en todo el territorio patrio. Definitivamente esta actuación de nuestros gobernantes fue la tapa del congolo. Olvidó Juan Manuel Santos la triste experiencia con Electricaribe.

Notícula. Con excepción del tema de la paz, los puestos y la mermelada, ¿qué mantiene al  partido Liberal en el gobierno? Seguir en tan “confortable posición” avalando este ultraje a los colombianos, solo es garantía de que nunca el partido volverá  a ser opción de poder.

 

 

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