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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Terrible verano devasta hoy a Colombia, agravado por el fenómeno de El Niño, cada día más intenso y cuyo declive se verá por allá en los meses de mayo y junio. Más de un centenar de poblaciones colombianas y algunos barrios en Medellín comienzan a padecer las suspensiones del acueducto, donde tienen este servicio: ¿qué será de los lugares que no cuentan con el suyo?

El agua es indispensable para la vida, bien por consumo humano directo, bien en los procesos agropecuarios o en otros procesos productivos y empleada en muchas ocasiones con poca racionalidad.

La disponibilidad del agua depende de ciclos naturales en los cuales una parte de la misma es recogida en humedales o zonas de recarga, suelos que hacen las veces de esponjas: retienen, regulan, filtran y la entregan en forma dosificada a las fuentes superficiales (quebradas y ríos), donde el agua sufre procesos adicionales de oxigenación.  “La naturaleza es infinita en su generosidad”.

Desde esta fase del ciclo entra la mano depredadora del hombre a  destruir  los humedales y zonas de recarga de acuíferos, también conocidas como “fábricas de agua”. Una hectárea de humedal puede entregar 5 litros por segundo de agua de excelente calidad en forma permanente. Suponiendo que solo se capte la mitad de este caudal (2,5 litros por segundo), se obtendrían de esta hectárea más de 200.000 litros diarios de agua, suficientes para abastecer todas las necesidades hídricas de unas 1.800 personas con una dotación de 120 litros diarios por persona. Si esta hectárea de humedal se convierte en potrero, permitiría la producción de unos 50 litros diarios de leche, en invierno… Una actividad económica irracional.

Sin embargo, el campesino que sobrevive en estos territorios  necesita alguna fuente de subsistencia. El Estado debe intervenir para proteger las fuentes del recurso hídrico compensando por este trabajo a quienes habitan estos territorios.

Aguas abajo de los humedales aparecen otras graves amenazas: la contaminación de los cauces por residuos y vertimientos de origen pecuario, agrícola, industrial y doméstico; la minería, la competencia desmedida por el recurso y el uso ineficiente del mismo.

Vienen luego los sistemas de abastecimiento: una parte de la población, normalmente la ubicada en zonas rurales y en la periferias de las ciudades, es abastecida por pequeños sistemas que captan a filo de agua en fuentes superficiales; estos sistemas no disponen de embalses de almacenamiento  de agua natural y son los que primero se ven afectados por desabastecimiento durante el verano, en gran medida como resultado de la deforestación en los nacimientos. Aunque las grandes ciudades disponen de sistemas más robustos con embalses de almacenamiento y tratamiento, también reciben todos los impactos mencionados más la contaminación acumulada en sus cuerpos de agua que obliga a permanentes ajustes en los procesos de potabilización, que cada vez ponen más en riesgo la prestación del servicio para la comunidad.

¿Será que nos cogió la tarde para empezar a reflexionar sobre este tema?

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