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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

La semana que termina trajo la más importante sorpresa, la nulidad del nombramiento de Alejandro Ordoñez Maldonado como Procurador General de la Nación. Después de tres años y medio de un debate jurídico, el Consejo de Estado, por importante mayoría, consideró que los demandantes, liderados por Rodrigo Uprimy, tenían la razón.

Desafortunado fue el calculado discurso del doctor Ordóñez Maldonado cuando expresó: “Se acaba de cumplir el primer pacto de La Habana: la expulsión del Procurador”. Nadie sensato y conocedor del funcionamiento del Estado creyó semejante esperpento. La decisión la tomó el alto tribunal en un proceso que por tratarse de una nulidad electoral debió haberse fallado muchos meses atrás, pero que debido al tortuoso trámite que padeció, unas veces por acciones imputables a la burocracia y otras por dilaciones del Procurador y sus abogados, llegó a estas calendas. Nada pues que ver las discusiones en La Habana con el fallo conocido.

Pero más desafortunado el Procurador en sus afirmaciones cuando él, jurista y sus abogados, sabían cómo los que más de la jurisprudencia del Consejo de Estado sobre ese tema. Publicitadas fueron las decisiones tomadas con respecto a los exmagistrados Francisco Ricaurte y Pedro Munar, cuyas designaciones fueron igualmente declaradas nulas por las mismísimas razones que hoy se decreta la nulidad de Ordóñez Maldonado. No podía pretender el procurador un trato diferente, ni otro cambio abrupto de jurisprudencia para defenderlo. Los temores del doctor Ordóñez, manifestados a través de las continuas dilaciones en el proceso, eran fundados y no precisamente por consideraciones políticas sino por la jurisprudencia que en idénticas circunstancias ya había fijado el Consejo de Estado. De manera pues doctor Alejandro Ordóñez que usted como el que más, debe acatar y  respetar las decisiones judiciales.

Colombia es un Estado de Derecho, donde el principio de legalidad tiene cabal aplicación. Esas condiciones se logran a través de jueces independientes. Increíble que el exprocurador (o todavía procurador?) ponga en duda la separación de poderes, columna vertebral de nuestro ordenamiento constitucional. Algo de “mala leche” tiene que existir en la desafortunada frase que comento. Alejandro Ordóñez fue integrante del Consejo de Estado y él directamente sabe que esas no son instituciones manejables desde la presidencia de la República o desde La Habana.

Le corresponderá ahora a Ordóñez seguir en la brega política sin los recursos estatales. Le tocará, como a cualquier político, luchar en la llanura por sus ideales y en todo su derecho está. Queda una lección: hay que dejar de lado el esquema que nos dejó la Constitución de 1991 de “Yo te elijo y tú me eliges. Entre todos nos elegimos” o “Yo nombro a los tuyos y tú me eliges”

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