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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

En un lejano diciembre comenzando la década de los años noventa y acompañado de mi familia,  visité San Agustín en el departamento del Huila y algunos vestigios de la cultura agustiniana, tan enigmática e inexplorada.

Era ya navidad y habíamos recorrido todos los lugares turísticos del municipio y agotado el interés de permanecer en el lugar. Ávido de aventuras propuse viajar hasta Popayán por San José de Isnos, el Puracé, Paletará y Coconuco. Quería atravesar el macizo colombiano. Las consultas que realicé entre vecinos de San Agustín recibieron respuestas divididas: para unos era correr un enorme riesgo, pues estos lugares eran “santuarios” de las Farc; para otros estábamos en una de las pocas épocas propicias para acometer la aventura por ser   navidad y la guerrilla también tenía familia que atender y recogimiento que practicar. En la primera etapa llegamos a San José de Isnos donde perdí el respaldo de mi familia, preocupada al observar los estragos que había dejado una reciente toma guerrillera sobre el comando de Policía; pero insistí en correr el riesgo. Transitamos por una carretera veredal llena de huecos y pequeños derrumbes, pero por encima de todo una carretera solitaria. En cerca de cuatro horas de trocha solamente avistamos un vehículo que nos siguió prudente por varios quilómetros. Después supimos que sus pasajeros sentían tanto temor de nosotros, como nosotros de ellos.

Con un día soleado pudimos observar vastas extensiones de selva. Desde un poco más adelante de San José de Isnos y hasta el Valle de los Frailejones no pudimos ver un solo ser humano, ni campesinos, ni guerrilla, ni fuerza pública. Soledad por doquier. Al llegar a Coconuco recibimos la reprimenda de algunos moradores del lugar por lo temerario del viaje ante el empoderamiento que del territorio tenían las Farc.

Al comenzar este año decidí rememorar ese viaje que ya cumplía más de veinticinco años y volví a recorrer con los míos, el Parque Arqueológico, el Estrecho del rio Magdalena y todos los demás sitios turísticos de San Agustín para emprender el cruce del Macizo Colombiano por el mismo sitio de antaño. ¡Oh sorpresa!  Ningún parroquiano o guía turístico intentó suspender mi viaje, por el contrario, todos me animaron a emprenderlo. La carretera, si bien continuaba siendo una vía de pequeñas proporciones, estaba en gran parte pavimentada, bien sostenida y el tránsito permanente y abundante. Encontré buses de turismo, flotas de transporte intermunicipal, infinidad de vehículos particulares en plan de turismo, fotógrafos deseosos de captar esa bella naturaleza. Era un panorama completamente distinto al de cinco lustros atrás. Pude observar presencia del Ejército, tranquilos y expectantes frente a cualquier eventualidad pero sin la parafernalia y la prevención de los días de guerra.

¡Qué distinta es Colombia en paz! Estamos cerca de alcanzarla y no podemos perder la ocasión.

Notícula. Todo no fue bonito en ese viaje. La situación de los cultivos de arroz, maíz y café que pude observar en el Tolima y Huila por efectos del fenómeno de El Niño, advierten miseria y hambre en muchos lugares de Colombia. Ya comienzan a proliferar los avisos de “Se vende” en muchas propiedades de esos departamentos.

 

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