Lo peor está por llegar

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Martha Lía Giraldo de Hernández
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En Colombia los efectos de la pandemia del coronavirus apenas comienzan. Las autoridades, generalmente aconsejadas por científicos, han tomado decisiones para hacer más lenta la llegada del virus, pero indudablemente éste ya tomó su vuelo propio dentro de nuestro territorio y su expansión se realiza ya entre personas que jamás han salido del país o tienen amigos que lo han hecho. 

Su diseminación es geométrica y a cada día serán o seremos más y más las víctimas benignas o fatales del mal. Sobre la marcha debemos prepararnos para horas sumamente dolorosas y tristes y para secuelas que en lo político, social y económico dejará su paso devastador por el suelo patrio. 

Estoy seguro, y no quiero ser ave de mal agüero, de que nuestro sistema de salud, con todo y lo que hacen las autoridades por tratar de ponerlo a tono con la necesidad, colapsará y demostrará sus enormes falencias. Pagaremos caro la privatización y el debilitamiento paulatino del sistema público. Algunas, Dios quiera que no todas, las escenas que observamos de Italia, España y Ecuador, las veremos replicadas entre nosotros. El neoliberalismo salvaje dejará al desnudo que el amor por el dinero no lo es todo.

Ya son visibles las debilidades, un ranking recientemente publicado indicaba que somos el Estado con menor número de muestras tomadas en el mundo, incluso por debajo de Uruguay, Brasil y Ecuador, en Suramérica. Si no tomamos muestras para detectar a los infectados, o estas son escasas y deficientes, no estamos conociendo realmente la magnitud del desastre. 

Tienen los gobernantes ante sí una decisión en los próximos días, donde esperamos acierten y no cometan errores: Es preciso definir si continúa la cuarentena con el riguroso aislamiento social y sus aspectos negativos en el plano económico o si se suspende la cuarentena para que el aparato productivo reanude todas sus actividades. Entiendo que entre científicos y economistas existen diferencias abismales en el tratamiento que debe seguir a partir del día 13 de abril, fecha en que debería terminar el confinamiento social. Es preciso buscar soluciones inteligentes que preserven la vida humana. El dilema tiene, por donde se le mire, tanto de largo como de ancho. No quiero adelantar opiniones, soy un simple opinador del acontecer nacional y regional y carezco de la formación científica para hacerlo. Sería un irrespeto comentar lo que no domino. 

En el futuro, las secuelas políticas no serán ninguna sorpresa. El mundo debe prepararse para grandes cambios. Seguramente muchas democracias sucumbirán o cambiarán en los días posteriores a la pandemia. Otras, las más fuertes, posiblemente subsistirán y sus cambios serán más lentos. En lo social tampoco seremos lo mismo. El hombre tiene que entender que el dinero, la riqueza desmedida, no puede ser el objetivo central de la vida. Es necesario volver a lo simple, a la familia, al goce, a la solidaridad, al amor, a la pequeña comunidad. Las consecuencias económicas de la crisis serán devastadoras, las economías de todas las naciones, incluyendo las poderosas, tendrán nefastas consecuencias. Obvio, los más pobres, los desposeídos, serán como siempre, las mayores víctimas en este campo. Todos vamos a perder, aunque tenemos una población muy alta que no tiene nada que perder y que las circunstancias no lo permitan, seguramente actuarán como hordas sin control. De las decisiones de los próximos días depende que todas estas terribles predicciones no se den o se den en menor escala. Sabiduría a nuestros gobernantes y apoyo a ellos mismos.

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