La universidad y el coronavirus

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Son varios los renglones de la economía que se verán seriamente afectados con la pandemia del coronavirus y las consecuentes medidas que los gobiernos se han visto obligados a tomar para salvar la vida de infinidad de personas y contener la expansión destructora y vertiginosa que tiene el virus. Entre las instituciones más débiles frente a lo que padecemos y a las medidas tomadas se encuentran las universidades privadas. Éstas serán, a no dudarlo, presas fáciles de la debacle económico que se avizora, más cuando casi todas dependen de sus matrículas. 

La Asociación Colombiana de Universidades –ASCUN- ya hizo oír su angustiada voz del Gobierno. “Como rectores de las universidades privadas del país, nos angustia el futuro para la sostenibilidad de nuestras instituciones. La situación financiera de nuestras universidades se pone muy oscura en la actual emergencia y es nuestro deber compartir la inmensa preocupación para no sólo atender el día a día, sino también para continuar desarrollando nuestro objetivo misional, que es el servicio público de la educación”, afirmó ASCUN en su mensaje al presidente Iván Duque.

Todas las universidades del país, públicas y privadas, por obvia disposición gubernamental, han desescolarizado a sus alumnos y han acudido a terminar el semestre académico en desarrollo por un sistema semipresencial apoyado por la virtualidad. La supervivencia de las instituciones de educación superior, hasta finalizar este período académico, está garantizado. Es imposible prever es lo que sucederá en el próximo semestre. Seguramente las matrículas caerán dramáticamente, ya que muchos alumnos y padres de familia perderán sus empleos. No debemos olvidar que desde hace unos años viene un fenómeno mundial de disminución de alumnos en las universidades y esta disminución es previendo que el coronavirus cese en su expansión. No quiero ni especular con lo que va a suceder en el supuesto que la desescolarización continúe más allá de la mitad del año. Las matrículas decaerían a niveles insospechados.

Pero todas estas secuelas, por donde se les mire, amenazan la estabilidad laboral, en muchos casos ya precaria, de los docentes universitarios, pues obviamente sus instituciones no tendrían como sufragarles su sueldo.

El Gobierno tiene que adelantarse a la hecatombe que se le viene con un colapso de incalculables consecuencias para muchas instituciones de educación superior privadas y las mismas universidades tienen que planificar su futuro de cara a esta terrible situación. Estoy absolutamente seguro de que el mundo no será el mismo después del coronavirus y las universidades, las pymes y el deporte profesional, serán las primeras víctimas si desde ahora no se toman decisiones.

ASCUN le ha planteado al Gobierno una serie de propuestas que bien vale la pena que sean analizadas al más alto nivel. Las entidades financieras, comenzando por Findeter, deben refinanciar las deudas con estos centros educativos. Me sumo a las voces que claman por la salvación de la instituciones de educación superior, amenazadas en materia grave por las secuelas del coronavirus. 

En otra ocasión me ocuparé de las que en mi sentir, serán obligatorios cambios en la universidad posterior al virus. 

* Soy docente universitario.

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