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De conformidad con lo ordenado por la ley 1909 de julio de 2018, “por medio de la cual se adoptan el Estatuto de la Oposición Política y algunos derechos de las organizaciones políticas independientes”, los distintos partidos y movimientos políticos se vieron obligados antes del siete de los corrientes a definir frente al Gobierno que preside el doctor Iván Duque si durante su mandato actuarán como partidos de Gobierno, de oposición o si se declaran independientes. El Centro Democrático, el Partido Conservador, el Mira, el Partido Colombia Justa Libres y el Partido de la U. se declararon partidos de Gobierno. El Partido Liberal y Cambio Radical, optaron por ser independientes y el Polo Democrático, la Alianza Verde, la Alianza de la Decencia y la Farc, decidieron ser partidos de oposición.

La ley citada presume que el partido al cual pertenece el señor presidente de los colombianos, el Centro Democrático, se tenga como oficialista. Del Partido Conservador me limitaré a decir que hace ocho días, en un programa de opinión en una importante cadena radial, el joven dirigente conservador Jorge Mario Álvarez afirmó: “apenas obvio que los conservadores seamos partido de Gobierno. Siempre lo iremos a ser, así el presidente sea Gustavo Petro”. Una triste realidad con un partido histórico, que ha contribuido a la construcción de la nación. Los conservadores, desde hace muchos años, han optado por convertirse en un partido escalera, por el cual otros llegan al poder y se ha limitado a medrar a la sombra de distintos gobiernos y parece haber renunciado definitivamente a ser opción de poder. Los del MIRA acompañaron las propuestas del ganador, por lo que es apenas lógica la posición asumida, lo mismo que el Partido Colombia Justa Libres.

Ver el Partido de la U, el partido de Gobierno durante los ocho años del mandato de Juan Manuel Santos, alinearse al lado del Centro Democrático, su más enconado rival político hasta hace apenas un mes no deja de ser un caso como para Ripley (“¡Aunque usted no lo crea!”). Esta decisión no deja de ser muy llamativa y que ha dado origen para un cúmulo de críticas en medios y redes sociales. No creo que el paso dado le genere mucha credibilidad a un partido que fue creado hace pocos años por los amigos y seguidores del doctor Uribe Vélez, pero que con el desencuentro entre Uribe y Santos se filaron de parte de este último y abandonaron a su fundador, el doctor Uribe. Sus fundadores son de origen liberal, que han decidido, como el conservatismo, peregrinar por las toldas de todo partido que llegue al poder, sin importar tesis ni programas. Las posibilidades de mermelada es un irresistible atractivo para sus dirigentes.

El Partido Liberal no sale tampoco bien librado en sus pronunciamientos políticos de los últimos meses. Para la segunda vuelta presidencial optaron, contra todo pronóstico y deseo de las bases, por entregarse al uribismo y apoyar la candidatura del doctor Iván Duque. Mucho desgaste sufrió el partido con ese pronunciamiento, pues resultó incompresible que terminara aliado de quien fue objeto de sus críticas durante más de quince años. Y como colofón, terminan independizándose de quien ayudaron a elegir, seguramente en un esfuerzo por congraciarse con su militancia inconforme o quizás para valorizar sus votos en el Congreso, ante la necesidad de los gobiernistas para sacar sus iniciativas.

Finalmente está Cambio Radical, dedicado, desde la derrota de su jefe Germán Vargas Lleras, a la política de propuestas y de programas, a proyectarse como verdadera opción de poder a partir de iniciativas que lo diferencien del Gobierno y de los demás partidos. Pareciera ser el único partido, con los de oposición, los que han entendido la real dimensión de los cambios que están pidiendo a gritos los ciudadanos colombianos.

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