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(Courtesy photo)

Por: Ramón Elejalde Arbeláez

La Tierra, a pesar de siglos de estar construyendo civilidad y humanismo, no ha podido liberarse de las guerras internas o entre las naciones. Existen pueblos más habituados a la guerra y casi siempre ésta es aupada por las potencias de turno, que siempre han encontrado en la confrontación un interés económico del cual devengar utilidades. La venta de armas, las riquezas naturales, la posición estratégica de los territorios, son hoy los motivadores de las grandes potencias para inmiscuirse en cuanto conflicto exista en el mundo.Tampoco han sido ajenas a estos eventos nefastos para la humanidad, las posiciones ideológicas que asuman los Estados.

La llegada de los republicanos al poder en los Estados Unidos y la consecuente derrota de los demócratas, y especialísimamente el triunfo allí de Donald Trump, un hombre de la derecha guerrerista del mundo, han cambiado sustancialmente los paradigmas que esta gran nación defenderá bajo este mandato. Regresa Estados Unidos a su posición de “Policía del mundo”. En menos de veinte días el señor Trump ya intervino militarmente en Siria y en Afganistán, enviando con ello un claro mensaje al mundo de que su país regresa a su posición imperialista y dominante. Rusia, China, Irán, Siria, Corea del Norte, Estado Islámico y grupos antigringos de otros Estados quedan notificados  que en el mundo no tendremos paz mientras los pueblos no acaten los designios del gran coloso.

La demostración de esta semana, con la bomba lanzada sobre algunos reductos del Estado Islámico en Afganistán, es de una gran contundencia militar. Estados Unidos lanzó su poderosa bomba GBU-43/B MOAB, cuya sigla significa ‘Mother Of All Bombs’, la madre de todas las bombas. Pesa diez mil quilos, equivalente a once toneladas de TNT, es una bomba ligeramente inferior en potencia a la bomba nuclear como las lanzadas en la Segunda Guerra Mundial contra el Japón. Es igualmente menos destructiva que la bomba atómica. La onda expansiva de este “juguetico”, ensayado por primera vez en el año 2003, comprende un quilómetro y medio alrededor del blanco u objetivo, tiene un largo de nueve metros y solamente se puede transportar en los poderosos aviones Hércules MC-130. Para su lanzamiento, por su peso, requiere la ayuda de un poderoso paracaídas.

Como toda acción tiene su reacción, lo rusos ya tienen su propia bomba para enfrentar a la inventada por los Estados Unidos, se trata de la llamada Bomba FOAB, sigla que significa ‘el padre de todas las bombas’. ¿Qué tal?

El ataque se produjo en Nangarhar, al este de Afganistán y donde se encuentra una cadena de cuevas y túneles, precisamente construidos para la guerra, incluso con la ayuda de la misma Norteamérica. Allí habitan innumerables militantes del Estado Islámico (EI) y donde al decir de los organismos de seguridad de los atacantes, murieron más de treinta y seis militantes de las tropas yijadistas.

Creo sinceramente que este artefacto, estrenado en Afganistán, seguramente no tenía la intención de producir muchas bajas, sino la perentoria notificación que los Estados Unidos, en la era Trump, están dispuestos a intervenir donde quieran y donde les interese. Mal mensaje para la paz del mundo.

 

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