El tal aislamiento preventivo, no existe.

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El Decreto nacional 749 de 28 de mayo de 2020 estableció un aislamiento preventivo obligatorio en todo el territorio nacional entre el primero de junio y el primero de julio del presente año. Esa misma disposición excepcionó cuarenta y tres actividades de este aislamiento. Son estas actividades excepcionadas tan genéricas, que podemos afirmar que el tal aislamiento preventivo, no existe. Como ilustración de lo que afirmo les voy a citar la excepción número cuarenta y dos: “Actividades profesionales, técnicas y de servicios en general” (numeral 42 del artículo 3° del Decreto 479/2020).
Esta historia del aislamiento obligatorio me trae a la memoria la historia de un profesor de inglés que tuve en el bachillerato que un día llegó a realizar una evaluación al salón de clase y se encontró con la oposición de los estudiantes que se resistían a presentar la intempestiva prueba. Ofuscado el profesor anunció con voz grave y amenazante: “El que no me presente el examen hoy …” para luego bajar el tono de la voz y suavizar su posición diciendo: “— me lo presenta mañana”. Así estamos con la norma citada: anuncia con letras fuertes y contundentes un aislamiento social obligatorio y después en líneas tenues nos dice que casi todas las actividades quedan excepcionadas de cumplir la cacareada cuarentena. El Gobierno aprendió a presentar el vaso medio lleno, cuando en la realidad quedó medio vacío.
La verdad es que en confinamiento quedamos los viejitos cacrecos y los niños y como actividades prohibidas: escuelas, colegios, universidades, bares, restaurantes, algunas actividades de recreación, religiosas y transporte aéreo.
Tenemos que aceptar que las decisiones no son fáciles, de un lado tenemos a todo el aparato productivo del país que está al borde del colapso por la parálisis de todas las fuerzas de trabajo, con exageradas pérdidas de puestos de trabajo y del otro tenemos la protección de la vida de los colombianos, amenazados por la pandemia.
Pero esas decisiones difíciles son adoptadas en vísperas de la llegada del llamado pico de la pandemia, que algunos científicos prevén para el mes de julio, es decir que se avecina un crecimiento desmesurado de enfermos del coronavirus y sus consecuencias letales en muchos casos, no solamente por ese anunciado pico, sino que la flexibilización de las normas que tenían resguardada a la población, facilitará la actuación del virus. Apuesta difícil la que hizo el Gobierno.
Cabe preguntar si todos estos días los hemos aprovechado para fortalecer el sistema de salud y las noticias no parecen ser las más positivas. El 22 de los corrientes decía la cadena radial Caracol que “Llegaron a Colombia los primeros treinta ventiladores mecánicos, de los más de dos mil setecientos adquiridos por el Gobierno colombiano…” y concluía que los últimos estarían llegando para el mes de octubre. Esos instrumentos son vitales para tratar los casos más graves de los pacientes con el virus.
El Gobierno se la jugó tratando de preservar la estabilidad económica y delegando en los alcaldes municipales muchas responsabilidades y solo queda la obligación del pueblo colombiano de observar mucha disciplina social, algo que nunca ha estado presente en nuestro comportamiento cotidiano.

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