El caos político y social

Respuesta a Alonso Salazar (EL MUNDO)
agosto 26, 2013
Los cambios ministeriales (EL MUNDO)
septiembre 8, 2013

Por: Ramón Elejalde Arbelaez 

La realidad política hoy en Colombia, comenzando por la perspectiva de la reelección presidencial y la convulsión social que vivimos, especialísimamente por los paros campesinos, mineros y estudiantiles, han sacado a flote las incongruencias y contradicciones no solamente de nuestra clase política y dirigente, sino de los mismos protestantes contra el Gobierno.

Con la inminencia de una candidatura reeleccionista de Juan Manuel Santos afloró todo un arsenal de estrategias para impedir que tal cometido se cumpla por parte de la oposición, quien lo creyera, encabezada por el Polo Democrático y el Puro Centro Democrático, es decir, la izquierda y la derecha unidas en torno a un propósito común: atajar a Santos. Las estrategias son variadas con el fin de lograr el objetivo. Pero el gobierno Santos no se ha quedado quieto y cual mago saca de su sombrero una osada propuesta: Es necesario permitir que con las elecciones parlamentarias o presidenciales del año próximo, se vote un referendo aprobatorio del posible acuerdo con las Farc en la Habana. ¡Manes de la reelección! Seguramente algunos participantes en los paros que se desarrollan no son ajenos a estas jugadas y seguramente arrecian su beligerancia para continuar demoliendo la imagen presidencial e impedir su reelección.

La movilización campesina, minera y estudiantil tiene, a no dudarlo, una noble motivación. El sector agropecuario ha sido la gran cenicienta desde la decisión de abrir la economía e insertarnos en una economía neoliberal. Estamos compitiendo con la producción de otros Estados donde existe apoyo al campo y sumas ingentes de subsidios para su producción, amén de una producción tecnificada por la facilidad de la topografía de sus tierras. La minería tradicional o artesanal ha sido equiparada en el tratamiento jurídico por las autoridades, a la minería que practican los ilegales y ambas han sido perseguidas sin discriminación alguna. Pero aquí también han aflorado las incongruencias, las contradicciones, aún hasta en los mismos manifestantes. Veamos:

Cuando se discutían en el Congreso los TLC, especialmente el celebrado con los Estados Unidos, el Polo Democrático y un puñado de liberales, pocos por cierto, criticamos y cuestionamos los perjuicios que este instrumento traería para algunos sectores económicos, especialmente para el agropecuario. Nadie escuchó, nadie protestó, ni siquiera los campesinos o pequeños y medianos productores. Todos tan contentos. Hoy están todos preocupados por las consecuencias de no haber atendido a voces sensatas que lo denunciábamos. Hoy todos, incluyendo los defensores, ponentes y voceros de los TLC salen a reclamar por lo que allí sucedió. ¡Qué cinismo! Nadie asume con valor sus posiciones de antaño. Por ejemplo produce risa escuchar y leer a Pachito Santos cuestionar ese pacto cuando fue uno de los que se jactaron de su aprobación por el Congreso gringo. Pensar que aún no se han comenzado a sentir las reales consecuencias de estos tratados.

El sector agropecuario no se descuadernó en este gobierno. A Santos, como en el caso del pleito con Nicaragua, le ha tocado bailar con la más fea: Asumir la solución de problemas que llevan décadas incubándose y en el que poca es su responsabilidad, fuera de su escasa acción en los tres años de gobierno. Desde que finalizó el Frente Nacional casi todos los gobiernos han desdeñado el campo. Curiosamente hoy muchos exfuncionarios están envueltos en las banderas de la reivindicación campesina como si nada fuera con ellos, incluyendo al doctor Uribe. El partido Conservador, usufructuario desde hace muchísimos años del ministerio de Agricultura, no puede salir ahora con que se baja del bus, cuando por mucho tiempo lo condujo.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *