Dabeiba

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Indudable que profeso por la ciudad de Dabeiba aprecio y un vínculo de pertenencia que he forjado en mi interior, con el transcurso de los años. Frontino es mi cuna y la de mis mayores y, por lo tanto, el motivo de mis luchas y desvelos, pero Dabeiba tiene igualmente lugar preponderante en mis afectos. No en vano le serví durante dos años al colegio Juan H. White como su rector. Conocí su geografía, me compenetré con su gente, conocí sus orígenes y contribuí, en alguna forma, a la formación de quienes en los últimos años han dirigido sus destinos.

Es poca la literatura que se ha escrito sobre Dabeiba, fuera de los relatos periodísticos que dan cuenta de los crueles padecimientos de sus gentes durante todas las guerras que se han librado en Colombia en los últimos años. Los habitantes de esta rica región han padecido, como los que más, la sanguinaria guerra partidista de mediados del siglo pasado, el asedio de grupos guerrilleros y la orgía de muerte y desolación que trajo el paramilitarismo a Colombia.

Particularmente dolorosa para la población fue la violencia partidista que se inicia por allá en 1948. Inicialmente la municipalidad fue refugio de muchas familias de origen liberal que huían de la persecución que les decretaron en los municipios de Cañasgordas y Frontino por su filiación política, pero posteriormente fue epicentro de esa misma guerra, trasladada por los violentos a sus campos y a su zona urbana. “Chusma” conservadora y guerrilla [1] liberal libraron una cruda batalla, durante varios años, en territorio dabeibano. La obra histórica Lo que el cielo no perdona de Fidel Blandón Berrío, recoge parte de esta dolorosa tragedia que padeció Dabeiba.

Tampoco le fue extraña a la región los padecimientos de la usurpación guerrillera y paramilitar que a partir de 1996 comienza a afincarse en Frontino y Cañasgordas, pero que después se extendió a Uramita y Dabeiba y que en mi libro Don Mateo Rey. Crónicas de barbarie en el Occidente Antioqueño [2] narro con lujo de detalles.

La sangre derramada, las muertes producidas, el dolor infringido, no han logrado domeñar a este pueblo luchador y pujante. Dabeiba siempre resurge luego de un gran padecimiento con mayor ímpetu y decisión de progresar. Admiro a su gente por ese gran poder de superación que tiene. Ni la destrucción que producen los hombres y mucho menos la que se origina en la naturaleza, han desestimulado a los dabeibanos. Siempre están prestos a levantarse y a continuar.

No menos despiadada ha sido la naturaleza con la municipalidad. De proporciones históricas fue la represa natural que se formó entre los municipios de Uramita y Dabeiba, en el sitio conocido como El Revenidero, en hechos ocurridos en octubre de 1970. Allí el río Sucio se represó, producto de un deslizamiento de tierra que se llevó la vía que de Medellín conducía a Urabá. El material caído sobre el cauce fue de más de ocho millones de metros cúbicos “que formaron una presa de veinte metros de altura, mil trescientos metros de longitud y doscientos cincuenta metros de ancho superior, que represó el río Sucio formando un embalse que alcanzó una longitud cercana a seis kilómetros y un volumen aproximado de veintiséis millones de metros cúbicos de agua. El colapso final de represamiento produjo un flujo de lodo de caracteres torrencial que ocasionó la semidestrucción de las partes bajas del municipio de Dabeiba, incluyendo puentes, carreteras y viviendas” [3]. La quebrada La Desmotadora, en diciembre de 1993 arrasó con viviendas y vidas, pues más de cuarenta muertos fue el saldo trágico de este triste evento. En octubre de 2016, otro alud cobra la vida de siete personas del resguardo indígena de Llanogordo, la mayoría de ellos menores de edad.

Un tema apasionante y común a los pueblos del occidente lejano, aún no totalmente dilucidado, es el referido al descubrimiento y conquista por los españoles, de todos estos territorios. Siguiendo lo expresado por Ramón Elejalde Escobar en la primera edición de la Monografía de Frontino y posteriormente compilado por el suscrito en la tercera edición de la misma obra[4] encontraremos muchas explicaciones lógicas a este evento.

Todo parte del año de 1509 cuando don Alonso de Ojeda funda en la costa oriental del Golfo de Urabá la ciudad de San Sebastián de Urabá. Muy corta fue la duración de esta fundación pues Francisco César y unos setenta hombres dejados por Ojeda a su cuidado tuvieron pronto que huir ante el asedio de los indígenas y las enfermedades tropicales.

Luego Martín Fernández de Encizo funda en la banda opuesta del Golfo, cerca de la desembocadura del río Atrato la ciudad de Santa María la Antigua del Darién. Bien pronto esta fundación obtuvo el título de ciudad y en 1513 fue erigida allí la primera diócesis de tierra firme. Desde este punto Vasco Núñez de Balboa inicia la búsqueda del Dabaibe, una gran riqueza de oro de propiedad de los nativos. En 1524 la ciudad es abandonada y sus habitantes se asientan en Cartagena.

Luego estuvo por Urabá Julián Gutiérrez, enviado por el gobernador de Panamá Francisco Barrionuevo, hasta que fue expulsado por Alonso de Heredia, quien vino por estos lares enviado por su hermano Pedro. Alonso buscó siempre la reconstrucción de San Sebastián de Urabá, lo que generó muchos conflictos entre los conquistadores. Poco tiempo después es fundada la población de San Sebastián de Buena Vista, sin que aún se pueda precisar si fue sobre la ciudad de San Sebastián de Urabá o en un lugar cercano. Desde el nuevo poblado se inició la conquista del territorio antioqueño, obviamente comenzando por el interior de Urabá y el Occidente Antioqueño. Todos los iniciales intentos de penetración al actual territorio del departamento, llegaron hasta la Serranía de Abibe. Le correspondió finalmente a Francisco César en 1536 vencer la serranía y llegar hasta lo que denominó el valle de Guaca. Francisco César parece haber estado por la región de Ríoverde. Cieza de León, cronista que los acompañaba, relata el paso por esta región. La ubicación del lugar se ha dificultado. Don Ramón Elejalde Escobar, en su obra ya citada se pregunta: ¿Cuál será ese pequeño río por cuyas márgenes llegaron tanto la expedición de César como la de Badillo hasta el pueblo del cacique Abibe? Y si César y sus compañeros, al llegar a la Sierra, divisaron el valle de Guaca, ¿cuál fue la vía que torciendo hacia el occidente, interpuso a Badillo los valles de los Pitos y de Mauri, no mencionados en la expedición de César? ¿Cuál será ese Guaca, descubierto por el capitán y residencia del gran Señor de Nutibara? ¿Estará por los lados de Uramagrande, por las inmediaciones de Dabeiba o por qué no, y esto sería lo más probable, más hacia el Occidente, es decir, por los puntos conocidos hoy con los nombres de Rioverde y Monos? ¿Ese nombre «valle de Mauri», tan inmediato a Guaca, no será el mismo Murrí de hoy un poco desfigurado? Aquí debemos tener en cuenta las expresiones del expedicionario cronista refiriéndose a Mauri: “Todo lo más del tiempo llueve”. “Hallamos tanto pescado que con palos matábamos los que queríamos”. “Anduvo hacia el nacimiento del sol, primero por una subida muy trabajosa y luego por una bajada de mayor peligro”. Y en otra parte dice: “El capitán Francisco César, que fue el primero que anduvo por aquellas montañas caminando hacia el nacimiento del sol, hasta que con gran trabajo dio en el valle de Guaca que está pasada la sierra”. Ciñéndonos al contexto histórico y teniendo como base inamovible el valle de Nore, que aún conserva su nombre, nada nos prueba el tiempo gastado por los expedicionarios en el viaje de Guaca a la villa de Nabonuco, porque tanto de Uramagrande, como de Dabeiba o Rioverde, podían gastar tres días teniendo en cuenta las dificultades para el viaje por senderos intransitables y sabiendo que César demoró siete meses en su correría y cinco la expedición de Badillo.

Por lo visto el incógnito Guaca debe hallarse entre el valle de Nore y la serranía de Abibe, y cuya localización sería de gran trascendencia histórica para los pueblos de occidente, toda vez que en él encontraron los descubridores el centro más importante que, económica y jurídicamente hablando, había en estas latitudes, siendo además, la sede residencial del jefe supremo de la Nación Catía, génesis de una fisonomía racial, viva en el subconsciente de sus actuales moradores y testigos de la gesta heroica, donde al sacrificio de los primogénitos de nuestra emancipación, se unió la primera derrota que los peninsulares sufrieron en territorio antioqueño.

Siguiendo a don Ramón Elejalde Escobar, don Jesús del Corral, basado probablemente en las cartas de Andagoya a Lope de Méndez, cree que la entrada de César, cuando descubrió el valle de Guaca, debió efectuarse por los lados de Uramagrande, valioso concepto que tiene en su favor el hecho de haberse encontrado por aquellas regiones objetos de incuestionable origen español, pero que, en nuestra opinión, no constituye prueba absoluta por cuanto por allí pasó repetidas veces Gaspar de Rodas, cuando viajaba a Pequí y más que todo, porque no siempre dejaron los conquistadores señales de su paso en los lugares que tocaron. Pero aún en el caso de aceptar esta hipótesis, sería la prueba de que Badillo llegó a Guaca por otro lugar, más hacia el occidente.

En los documentos de Eduardo de G. Piñeres, para la historia del departamento de Bolívar, citada en su obra por el ya tantas veces referido historiador Elejalde Escobar, al relatar el descubrimiento de este valle por el capitán Francisco César, se dice que al remontar la cordillera venían los descubridores enfermos y llagosos, pero que “Dios, que nunca falta a sus criaturas, les socorrió con un arroyo de agua muerta que salía de una selva, con que resucitó toda la gente” Y que luego, desde cierta cumbre, a donde llegaron poco después vieron, a larga distancia, “grandes campiñas y extendidas poblaciones con labranzas”. ¿No podrá ser “ese arroyo de agua muerta” que sanó los enfermos, la fuente termal que existe en el paraje de Tuguridó y que al remontar la cordillera, tuvieron a la vista los llanos de Monos, Rioverde y Curadiente?

Apasionante la discusión. Seguir escudriñando en los textos, especialmente en los cronistas de indias, será de gran utilidad para poder dejar en claro el camino que nuestros conquistadores siguieron desde Urabá hasta lo que hoy conocemos como los municipios de Dabeiba, Uramita, Peque, Frontino, Abriaquí, Cañasgordas, Giraldo y Buriticá, este último muy ansiado por los conquistadores que obtuvieron valiosa información de los indígenas sobre su riqueza en oro, que aún hoy es objeto de búsqueda.

Otro de los temas que han sido motivo de discusión entre los dabeibanos amantes de la historia es la fecha de erección del caserío como municipio. Dabeiba fue elevado a la categoría de Distrito Parroquial por Ordenanza nro. 15 de octubre 17 de 1850, es decir dieciséis días después de Frontino y ambos pertenecían al Distrito de Cañasgordas, en el Cantón de Antioquia. No es verdad, como se ha afirmado, que Frontino hubiera sido segregado de Dabeiba, ambos lo fueron de Cañasgordas. Otra imprecisión histórica y jurídica es afirmar que la creación aludida fue en parroquia y no en municipio. La Constitución colombiana de 1832 suprimió los departamentos y dividió el territorio nacional en provincias, cantones y distritos parroquiales, lo que nos indica claramente que el distrito parroquial es, para la época, una división territorial del Estado, con autoridad civil y cabildo, que posteriormente mantuvieron las Constituciones de 1843 y 1853, hasta cuando la Constitución de 1858 dejó en poder de los ocho estados creados por ella, la facultad de indicar cuál era la división territorial de cada uno de ellos. Queda claro que entre 1832 y 1858 la entidad territorial básica del Estado colombiano se llamaba distrito parroquial y no municipio, como ahora.

Para 1850 estaba vigente la Constitución de 1843, que en su artículo 8 dispuso: “El territorio de la Nueva Granada se dividirá en provincias. Cada provincia se compondrá de uno o más cantones, y cada cantón se dividirá en distritos parroquiales…”.

De 1950 en adelante se dio un frenesí legislativo creando y suprimiendo municipios, a lo que no fue ajeno Dabeiba. Eran tan vertiginosos los cambios que muchas veces las localidades no se enteraban de una medida, cuando llegaba la otra, contrariando la anterior.

No pretendo con estos recuentos históricos reemplazar el brillante trabajo que hoy prologo, del profesor LIBARDO DE JESÚS VANEGAS CARDONA, que por lo demás tiene el encanto de ser escrito en verso, lo que se convierte en una novedad histórico-literaria. El profesor Vanegas Cardona no siendo dabeibano, tuvo el privilegio y la satisfacción de vivir por 23 años en esas fértiles tierras. De sus habitantes aprendió a querer esa geografía y a compenetrarse con sus gentes siempre tan afectuosas, siempre tan atentas. Estoy casi seguro de que Libardo se considera tan dabeibano como cualquiera de los hijos de esa tierra.

Felicitaciones, Dabeiba. Esta obra se necesitaba. Gratitud a Libardo Vanegas, el esfuerzo no será en vano.

 

Ramón Elejalde Arbeláez

[1] Blandón Berrío, Fidel, Lo que el cielo no perdona. Editorial Angra. Bogotá. 1954. https://es.scribd.com/doc/274527475/Libro-Completo-Lo-Que-El-Cielo-No-Perdona-Fidel-Blandon

[2] Elejalde Arbeláez, Ramón, Don Mateo Rey. Crónicas de barbarie en el Occidente Antioqueño. Editorial UNAULA. Medellín. 2016. http://ramonelejalde.co/

[3] Gómez Sierra, Paula, Rompimiento de presas de tierra por erosión: análisis y aplicación. Tesis de grado dirigida por Juan Fernando Barros Martínez. 1999.

[4] Elejalde Arbeláez, Ramón, A la Sombra del Plateado o Monografía de Frontino. Editorial Alto Vuelo. Tercera edición. Medellín. 2003. http://ramonelejalde.co/

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