!Cómo nos dueles DIM!

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No es de poca monta la crisis que padece el Deportivo Independiente Medellín y que tiene indignada, en grado sumo, a su hinchada. Seguramente la pandemia ha colaborado en la profundización de las dificultades, que son de todo orden.

Sesenta años de fidelidad, a toda prueba, me dan suficiente autoridad para expresar mis opiniones y las consignaré con respeto pero con total sinceridad. El Independiente Medellín, como el Nacional, el América, el Junior, el Cali, el Millonarios, el Santafé, para citar unos pocos, no son un equipo de fútbol, son una pasión, son el gozar y el padecerdiario de una afición. El pueblo lleva incrustado en su ADN, en su corazón, los colores y los escudos de sus equipos. La gente vive y padece con intensidad el devenir de su onceno del alma. No son pues, cualquier cosa, lo que representan ellos para sus seguidores. Un buen resultado en un encuentro de fútbol, levanta el espíritu y anima el vivir, un mal resultado golpea y atolondra. Es curioso: el ser humano puede cambiar de partido político, de esposa o esposo, pero jamás de equipo de fútbol, ese es un amor para toda la vida, que signa la historia del ser humano. Así de bella, pero así de compleja es la vida del hincha.

El Deportivo Independiente Medellín es uno de los equipos más antiguos de Colombia, tiene una gran afición, una afición que lo quiere, lo sigue, diría que lo idolatra. Lamentablemente hoy atraviesa una crisis económica y deportiva que de continuar, lo llevará irremediablemente al descenso de categoría. Eso, obvio, produce un inmenso dolor en quienes somos sus seguidores.

Hay que decirlo con total tranquilidad, los jugadores no son los culpables del difícil trance, ellos son igualmente víctimas de una dirigencia incapaz y seguramente desconocedora de los tejemanejes del fútbol profesional. Duele ver a esos muchachos partirse el  alma en los encuentros, ponerle pundonor y ganas a lo que hacen, pero sucumbir a su impotencia por carecer de formación y experiencia. Tenemos en ellos un gran porvenir, pero no son el presente para una competición exigente. Esos jóvenes, con un contingente de experimentados y buenos jugadores, estarían siendo hoy la delicia de una afición, ávida de buen espectáculo y de satisfacciones.

La dirigencia parece igualmente ser víctima de la incompetencia de los dueños del DIM o limitados para lo que hacen y ellos también colaboran en la hecatombe que padece el equipo del pueblo. No existe un rumbo claro, pero una luz asoma en el horizonte, cuando el dueño de la mayoría de las acciones del onceno, anuncia la venta del mismo. Cada partido del DIM es una pesadilla, es un dolor más en el alma del hincha, ya no es el goce y la satisfacción del fin de semana, que alimentaba de energía los días subsiguientes.

Vender el equipo y cambiar de dueños, es la opción más seria y así parece lo entendió don Raúl Giraldo, pero no venderlo a cualquiera como también queda claro en las declaraciones que este viernes concedió el citado dueño. Si pretende vender, que sea para mejorar y no para seguir en la debacle. Debacle que estoy seguro no fue intencional de los accionistas del Medellín.

¡Cómo nos dueles DIM!

NOTÍCULA. Al cierre de la edición se conoció el mandato de un Magistrado del Tribunal Superior de Medellín, Sala Penal, ordenando la libertad inmediata del gobernador Aníbal Gaviria Correa. Hago mía la frase de Javier Velásquez Yepes en su noticiero: Antioquia recobró su alegría.

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