Las confesiones de las Farc.

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Gran asombro ha causado en el país la afirmación realizada por la antigua guerrilla de las Farc, en el sentido de haber sido los autores de los asesinatos de Álvaro Gómez Hurtado, el general (r) Fernando Landazábal, el catedrático Jesús Antonio Bejarano, el político Pablo Emilio Guarín y los exguerrilleros José Fedor Rey y Hernando Pizarro León Gómez. Para los contradictores del proceso de paz que adelantó el expresidente Juan Manuel Santos la confesión les resulta inverosímil, especialmente en lo que respecta al doctor Gómez Hurtado y dan rienda suelta a su imaginación para suponer y defender otras líneas y opciones. La familia, en su natural dolor, cree en lo que venía fabricando de sindicar a dos dirigentes políticos de tan atroz crimen. El mismo Fiscal General de la época, Alfonso Valdivieso, nada cercano a los dos supuestos autores, desecha esta idea y finalmente tenemos la reacción de los amigos del proceso de paz: Se pactó decir la verdad y eso es lo que estamos conociendo; después de más de cincuenta años de guerra, sangre, dolor y muerte, obvio es que la verdad sea demasiado traumática; falta verdad por conocer y esta es parte de la cicatrización de las heridas dejadas en esta sociedad por una confrontación irracional que acabó con muchas vidas y hogares.

Proponer, como erradamente lo está haciendo el Gobierno, quitarle las curules a las exguerrilleros participantes en estos hechos, es ir en contra de lo pactado. Ellos están cumpliendo. Ojalá todos los aspirantes a la justicia transicional tuvieran igual franqueza y cumplimiento, ojalá las Farc no se acobarden con la reacción social a estas primeras versiones y terminen por contar toda  la verdad que la paz requiere para que podamos sanar heridas.

Por mi parte tengo una preocupación diferente y grave en grado sumo, que la sociedad no parece percatarse. Algunos de esos asesinatos confesados ya tenían a inocentes condenados como autores de los mismos. Vale un ejemplo: Gustavo Sastoque, exagente del CTI (léase bien, del CTI) fue condenado a cuarenta años de cárcel por el asesinato de Hernando Pizarro León Gómez. Sastoque acudió en su defensa a todas las instancias, hasta las internacionales y ellas, menos estas últimas, creyeron en el montaje que le hicieron y ratificaron la condena. De la trampa no se escapa ni la Corte Suprema de Justicia. Hoy goza de libertad condicional, después de once años de prisión. En la investigación de Álvaro Gómez Hurtado varios colombianos sufrieron prisión preventiva por muchos años y de todas las líneas de investigación la primera que desecharon los organismos de seguridad del Estado, fueron las de las Farc, la que a la postre resultó cierta.

Varias preguntas caben ante todo esto: ¿Es justa nuestra justicia? ¿Todos los investigados y los condenados en Colombia son realmente responsables de lo que se les imputa? ¿Esta es la justicia que va a aplicar la cadena perpetua para asesinos y violadores de niños? ¿Cuántos inocentes, como Sastoque, están hoy en las cárceles?¿Genera confianza una administración de justicia tan errática? ¿Qué pasará con los funcionarios que hicieron las “investigaciones” que tienen o tuvieron inocentes en la cárcel? ¿Se hacen montajes y se condenan inocentes para mostrar resultados y eficiencia o para otorgar satisfacciones políticas?

Verdaderamente, asustador el panorama.

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