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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Recuerdo cuando en cada pueblo de Antioquia había una central telefónica de Empresas Departamentales de Antioquia, EDA, único medio de transmisión de voz hacia el mundo exterior con un lema de puro corazón paisa: “EDA, símbolo de la pujanza de un pueblo”. Esa empresa de telefonía pasó a ser EDATEL, una compañía de telecomunicaciones que, de la mano de administraciones efectivas y de unos empleados y trabajadores comprometidos, consolidó su presencia en el mercado nacional, con mejoramiento continuo en servicios, tecnología y solidez financiera.  Registramos con orgullo que es la quinta mejor empresa para trabajar en Colombia.

Ahora, después de sólo tres meses de administración de Juan Fernando Prats, no queda huella de aquellas épocas doradas de EDATEL. El respeto y la consideración por el talento humano, único responsable de ese éxito empresarial, fue reemplazado por la grosería, el desconocimiento de su meritoria trayectoria, la imposición de jornadas extenuantes y plazos incumplibles; la estrategia de moda es el espejo retrovisor para buscar en el pasado la justificación del marasmo actual y de los eventuales fracasos del mediano plazo.  Esto ocurre mientras la empresa adolece de un plan inteligente para mejorar la competitividad, conquistar nuevos mercados, crecer ordenadamente y apuntalar la empresa exitosa que nos dejaron al comenzar el siglo.

Algunos administradores modernos tienen títulos en el exterior y pomposas especializaciones, muy útiles para descrestar incautos, pero carecen de sensibilidad y de responsabilidad social para tratar dignamente al ser humano. Ellos sólo despulpan  cifras, como si las personas también lo fueran.

El sindicato, con serios soportes documentales, alertó a la opinión pública sobre los desafueros del gerente Prats, pero nadie hace nada. Hace unos meses denuncié en esta columna el despido de un meritorio ejecutivo porque no congeniaba con el actual gerente, y nadie dijo nada. Ahora me entero de que otro funcionario de más de 15 años de servicio, Diego Luis Echeverri Ceballos, fue hostigado por la actual administración hasta que lo llevó a negociar su retiro y nadie hará nada. Predije esta lamentable salida cuando echaron al doctor Armando Hernández, hecho que denuncié con nombre propio ante las instancias competentes. Los últimos días de Echeverri Ceballos en EDATEL fueron una completa tortura, un verdadero e injusto infierno que lo llevó a severos trastornos de salud, lo que no parece importar a nadie.

También informa el sindicato, con documentos fehacientes, que el gerente desconoce su calidad de mayoritario y la legislación que obliga a la empresa a extender la convención a todos los trabajadores, aún a los no afiliados;  ya el Ministerio del Trabajo inició una investigación que seguramente terminará en sanciones onerosas para EDATEL, con cargo a las utilidades; alto precio por la soberbia de un gerente que se niega a reconocer la dignidad humana y el derecho laboral. ¿Alguien podrá hacer algo?

No comprendo el silencio de los accionistas: UNE, el Departamento de Antioquia y los fondos privados de pensiones, impasibles ante lo que sucede en EDATEL, admiten que la suerte de sus empleados los tiene sin cuidado; la suerte y la vida de esos maravillosos seres humanos cuyo esfuerzo, lealtad y compromiso construyeron una empresa que hoy rinde cumplidamente sus dividendos.

Alain Chanlat, prestigioso administrador canadiense, citado por el profesor Luis Javier Cardona Castrillón, afirma que “las personas se podrían administrar como se administran las cosas, solamente si son tratadas como cosas”. Esto es lo que hace Juan Fernando Prats pisoteando la dignidad humana, destrozando el núcleo central de EDATEL, humillando a las personas y esparciendo irresponsablemente el germen de la apatía, el desgano y la desmotivación, entre quienes la han conducido a la grandeza.

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