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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Primero fue la Primavera Árabe, también llamada Revolución Democrática Árabe, entre los años 2010 y 2013 que comenzó en el Sahara Occidental y continuó con las revueltas populares de Túnez, Egipto, Libia y Siria; movimientos triunfantes pues alcanzaron a derrocar sus gobiernos, excepto el de Siria donde aún se lucha. Ahora aparecen esos movimientos de inconformidad en Brasil y para decirlo de una manera sincera, en Latinoamérica.

En Sao Paulo se inició un proceso de movilización colectiva, sin liderazgos conocidos, sin la presencia de sindicatos, partidos políticos, organizaciones sociales o motivaciones parecidas. «No hay ningún liderazgo, no existe una coordinación. No sabemos nunca lo que van a hacer, cuál es la pauta (…) La solución ha sido monitorear las redes sociales. El trabajo policial se ha visto complicado por la falta de líderes conocidos”, dice el coronel Marcelo Pignatari, responsable del comando de la Avenida Paulista.

Aunque la chispa que detonó el movimiento brasileño fue el aumento de las tarifas del transporte, los manifestantes dejan ver en sus pancartas y consignas que están hastiados de la corrupción y asfixiados por el excesivo gasto público, especialmente de los dineros dedicados a la Copa Confederaciones de la FIFA, al Mundial de Fútbol del próximo año, y a los Juegos Olímpicos que preparan.

Los teorizantes de la evolución del Estado, como el español Javier Pérez Royo, consignan en sus obras que la crisis del Estado Social de Derecho proviene de  la corrupción y del excesivo gasto público. Verdad de a puño que no se puede soslayar.

La concentración de la riqueza en América Latina, el saqueo permanente a los dineros del Estado, tantas necesidades básicas insatisfechas, la creciente pobreza de gran parte de la población, ha empujado a la población a buscar en la izquierda democrática la solución a esos problemas que padece. Cuando estas soluciones no se concretan y las cosas siguen como antes o peor, los pueblos, como hoy el de Brasil, buscan desesperadamente sacudirse del yugo del subdesarrollo, la pobreza y la corrupción. Patético lo sucedido con nuestros vecinos: “Algunos manifestantes hostigaron a personas con la ropa roja de los militantes del Partido de los Trabajadores (PT), de la presidenta del país Dilma Rousseff, y quemaron una bandera de esa fuerza de izquierda. “Mi partido es mi país, gritaban los manifestantes, que no quieren que agrupaciones políticas traten de apropiarse del movimiento” (Agencia de Noticias EFE).

Papel importante han jugado las redes sociales en los movimientos revolucionarios árabes y del Brasil. Los pueblos todos los días se alejan más de los medios masivos de comunicación, muchos de ellos cooptados por los detentadores del poder económico o político y se entregan más a estas modernas redes sociales que convierten a cada individuo en un comentarista universal de lo que sucede a su alrededor.

En Colombia, donde hasta las mismas autoridades miran con indolencia raponazos a los dineros oficiales por más de ocho billones de pesos cada año,  donde la salud, el sector agropecuario, la justicia, el legislativo y la administración pública son un desastre, deberíamos ir remojando las barbas porque tarde que temprano la gente se fatigará, comenzará a protestar y a pedir un cambio total de nuestras costumbres con métodos violentos. Ojalá entendiéramos y actuáramos en consecuencia, antes de que sea demasiado tarde.

Notícula. ¡Qué acierto el del alcalde de Medellín con la designación de Jesús Arturo Aristizábal Guevara en su gabinete! Me alegra por el Alcalde y por Medellín.

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