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 Por: RAMÓN ELEJALDE ARBELÁEZ

Todo apunta a que es inminente la firma de un pacto de paz entre el GOBIERNO COLOMBIANO y las FUERZAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA –FARC–, un anhelo del mundo entero y una esperanza para nuestra patria. Todo apunta a que en pocos meses, sino en días ese acuerdo de voluntades será una realidad luego de más de cincuenta años de una cruel violencia que ha golpeado en forma inclemente y salvaje a muchos hogares de esta sufrida COLOMBIA.
Seguramente los convenios que se logren y firmen no serán del gusto ni del placer de todas y cada una de las personas. Seguramente, en forma individual, cada colombiano tendrá una objeción a lo que se acuerde, pero indudablemente que el objetivo principal que es lograr la paz debe llevarnos a todos a respaldar este esfuerzo de diálogo y concertación. Inútil que sigamos matándonos entre nosotros, injusto que sigamos sometiendo a nuestros campesinos a vivir en medio de la violencia, terrible que sigamos viendo caer compatriotas en una cruel violencia entre hijos de una misma patria. Llegó la hora de que todos pensemos en vivir en paz debajo de un cielo que nos debe cobijar a todos. No más muerte, no más secuestro, no más extorsiones, no más tristezas, no más violencia.

Seguramente en aras del valor superior de la paz tengamos algo que sacrificar, algo que conceder. No se nos puede olvidar que las FARC no han sido vencidas en el campo de batalla y que a la paz se llega mediante el diálogo y no mediante un armisticio con vencidos o derrotados. La tranquilidad de la patria se obtendrá por medio de una conversación civilizada donde ambas partes aportan y ambas partes renuncian a algunos aspectos que antes defendían como postulados indeclinables.

Lo más difícil del PROCESO DE PAZ está por iniciar. La reinserción de las FARC a la civilidad, la dejación de sus armas, el control de los que quieren torpedear la paz acudiendo a la violencia, el perdón, la justicia y la verdad como se pacten, serán desarrollos que requieren de una filigrana y un respeto a lo acordado que va a requerir paciencia, seriedad, entrega y una excelente dirección para que en cualquier vericueto no se nos extravíe lo ya logrado.
Es necesario que todos los hijos de esta COLOMBIA, cualquiera sea el concepto que tengamos sobre el presidente JUAN MANUEL SANTOS, debemos rodear el PROCESO DE PAZ y el acuerdo al cual se llegue. No puede existir mezquindad posible, si lo que está de por medio es la paz.

Entiendo el dolor de muchas de las víctimas de esta locura de violencia que va a cumplir sesenta años y entiendo su resistencia a mucho de lo que se va a pactar y acepto que finalmente será un “sapo” harto grande el que se tendrán que tragar, pero también es cierto, como lo dijo alguien, que “conmueve la capacidad de perdón de las víctimas del conflicto y sorprende la necesidad de venganza de los que han visto la guerra solo en televisión”.
Preparémonos con optimismo para LA PAZ, dejemos a un lado las prevenciones y démonos la oportunidad de vivir civilizadamente.

 

 

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