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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Para ser sincero, no es optimismo lo que generan los acontecimientos sucedidos luego de celebrado el plebiscito para refrendar los acuerdos de paz suscritos por el gobierno y las Farc en La Habana. Las iniciales expresiones de los principales gestores del no en ese evento, el premio Nobel de la Paz otorgado al presidente Juan Manuel Santos, las intervenciones de este último y las opiniones entregadas por redes sociales y medios de comunicación por el grupo subversivo, llamaban a la esperanza de que posiblemente un gran acuerdo nacional destrabaría política y jurídicamente lo acontecido el dos de octubre con el voto popular.

No ha sido fácil. Con el paso de los días y después de las iniciales expresiones conciliadoras, las cosas van empeorando y las verdaderas intenciones de algunos de los protagonistas de la historia se van endureciendo y las verdaderas posiciones de unos y otros van quedando claras.

Va también quedando patéticamente sabido que detrás del voto negativo a la refrendación a los acuerdos de paz existe un popurrí de argumentos que van desde el ingenuo que se dejó atrapar por el discurso y el mensaje habilidoso de quienes lo engañaron con los argumentos del castrochavismo, los impuestos a las pensiones, la entrega del poder a las Farc, los temas de género, etc., hasta quienes lo hicieron en una forma consciente en defensa de sus intereses o de sus temores, tal es el caso de quienes ven en el primer punto del acuerdo que versa sobre temas de tierras, un perjuicio inminente para su intereses, bien legales o bien ilegales. Varios políticos y/o terratenientes  hicieron causa común para impedir una tímida reforma agraria, que es en realidad lo que contienen los acuerdos de La Habana. También primaron en otros los temores. La justicia transicional con un tribunal independiente donde los exmilitares hoy condenados, algunos a altísimas penas de prisión, pudieran contar la verdad y obtener la libertad, horrorizó a personas que pudieron pensar que sus pilatunas del pasado se conocieran y también tuvieran que asistir a esas instancias judiciales a igualmente decir la verdad.

Obviamente que el no también se nutrió y seguramente en grado sumo, de votos de personas convencidas de la guerra y de infringirle a la Farc una derrota militar, o las víctimas que no han podido superar el dolor que esa misma organización les causó o de quienes la violencia no los ha tocado y por lo tanto, la misma les es indiferente.

Poner de acuerdo ese variopinto panorama de intereses es realmente difícil. No existe siquiera unidad en el Centro Democrático, un movimiento político caudillista, que obedece ciegamente los mandatos de su inspirador. Las declaraciones recientes de Francisco Santos, así lo demuestran cuando afirmó: “Siento que en mi partido hay gente que no quiere que esto avance”.

Queda la impresión palmaria de que existen varias agendas que van desde quienes realmente quieren mejorar el acuerdo suscrito con las Farc hasta quienes están buscando afanosamente posicionarse de cara a las próximas elecciones presidenciales. Estos últimos le están prestando flaco servicio a la patria y cada día queda en evidencia su calculada posición.

Difícil el panorama.

Notícula. Por segundo año consecutivo esta columna recibe el beneplácito de los líderes de opinión en Antioquia al quedar clasificada en la encuesta para Cifras y Conceptos como una de las más leídas en el Departamento. Mil gracias a mis lectores.

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