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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

El año 2012 no fue bueno para liberalismo colombiano. Desdibujado ideológicamente, burocratizado, sin norte, desaparecido como opción de poder y lamentablemente convertido, como el partido conservador, en lo que algunos llaman “partido escalera”, que solamente sirve para que otros partidos asciendan al poder.

La crisis liberal se remonta al período 1994-98, cuando perdió la presidencia de la República por los escándalos del proceso ocho mil. No obstante esta calamidad y la oportunista actitud de parlamentarios y militantes que hicieron tránsito a nuevos partidos políticos, el liberalismo se lanzó a la oposición, figura que había desaparecido del escenario político en Colombia desde el Frente Nacional. Ejerció una oposición tímida al gobierno de Andrés Pastrana y una bien radical a los dos períodos del doctor Álvaro Uribe. El transfuguismo de algunos de sus dirigentes le sirvió para limpiarse de muchos polítiqueros y personajes de regular conducta, aunque hay que reconocerlo, también perdió gente buena.

Los resultados del último certamen electoral para Presidencia de la República fueron pobres, muy pobres; pero el partido liberal mantuvo enhiestas las banderas, vigente su ideología y muy clara su opción de poder. El triunfo de Juan Manuel Santos, antiguo militante y jefe liberal, y su distanciamiento político de su último mentor, Álvaro Uribe, le dio patente al partido rojo para desdibujarse, entregarse al gobierno, y renunciar a su posibilidad de impulsar candidatos a la presidencia de la República. Se ha limitado a servir de obsecuente escalera al Partido de la U y a la segunda reelección de Juan Manuel Santos.

Personalmente hubiera querido un partido firme en su oposición, conquistando espacios cedidos en la disputa Santos-Uribe, proponiendo tesis y soluciones estructurales, liderando la visión de progreso, justicia y prosperidad para los colombianos, pero no fue posible: preferimos la fórmula mediocre y facilista de aliarnos con Santos en contra de Uribe, pobre y triste final para un partido que talló la historia del país.

Ideológicamente estamos a la deriva: Si bien el partido lideró proyectos de corte social como el de primer empleo y la ley de víctimas, entre otros, también se le vio apoyando posiciones conservadoras, ajenas a su ideario. Prefirió el partido la comodidad burocrática, anodina en lo ideológico y pragmática en el trueque de pequeños poderes y cacicazgos regionales.

Muchos creyeron que la juventud de su jefe único, garantizaría el timonazo que el partido estaba reclamando. No fue así. De la Dirección Nacional salió un Secretario Ejecutivo con reconocimiento nacional y llegó un personaje de segundo nivel, posiblemente muy capaz, pero poco conocido. Fue el preludio de una gestión pobre, desdibujada.

Los certámenes electorales del 2014 dirán si quienes cuestionamos con franqueza el manejo del partido tenemos razón o si la tienen quienes lo están dirigiendo.

Ah!! Y si nacionalmente llueve, en los departamentos y municipios, no escampa. De eso nos ocuparemos otro día.

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