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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Poco después de ser inaugurado el puente de Santa Madre Laura en la vía regional y a la altura del barrio Tricentenario y sobre el costado oriental, alguna dependencia oficial inició unos trabajos que aún hoy continúan. Ya para el mes de octubre un contratista de Empresas Públicas de Medellín dio inicio, en la otra calzada, es decir la occidental, a obras que todo indica son de alcantarillado y aguas lluvias. Estas obras avanzan lentamente, como si esa vía no tuviera la importancia y el flujo vehicular vital para la economía que por allí se moviliza.

En varios medios de comunicación regional he implorado porque EPM tome los correctivos necesarios y urgentes para evitar los perjuicios que la lentitud en la obra está generando. No puede ser que en ocasiones y en horas pico, un vehículo demore entre el puente de Santa Madre Laura y Solla de una hasta dos horas, cuando el recorrido normal se puede hacer en cinco minutos. Esta vía no solamente conduce a Bello, Copacabana, Girardota y Barbosa, sino que interconecta a Medellín y el sur del país con la Costa Atlántica, el norte de Antioquia, el Bajo Cauca y el Magdalena Medio. Los perjuicios económicos son innegables.

Por el mes de diciembre y a principios de este año, el número de operarios en la obra eran dramáticamente reducidos. Tan escasos que entre los transeúntes quedaba la sensación de tener unas obras paralizadas por las festividades navideñas y de fin de año. Hoy, vergonzosamente, tampoco se ven los frentes de trabajo con abundantes trabajadores.

La importancia de la vía requiere que se trabaje en doble jornada, apenas lo hacen en una. La municipalidad cerró totalmente la vía a principios de este año para facilitar, seguramente, el trabajo de los contratistas, ni terminaron la obra, ni utilizaron con la intensidad requerida de las dos jornadas, el tiempo y espacio que les dieron. Empresas Públicas de Medellín tiene que ser precavida en estas circunstancias, tiene que evaluar la calidad y valor estratégico de las vías que interviene. Los contratistas para este tipo de obras tienen que tener no solamente la solvencia técnica requerida, sino la económica que les permita adelantar las obras oportunamente y causando el menor perjuicio a la comunidad.

Los usuarios de las vías toleran con paciencia el tiempo que las obras de mejoramiento requieran, siempre y cuando observen que se optimiza el tiempo y que se trabaja intensamente, pero la ciudadanía se torna crítica y pesimista cuando padece la parsimoniosa acción del Estado, así lo haga por intermedio de contratistas a su servicio.

El alcalde Federico Gutiérrez que recorre calles, presiona capturas, dirige operativos, ¡y eso está bien!, debería, sin avisar, darse una pasadita por la Regional, después del puente de Santa Madre Laura, para que confirme mi aseveración. Idéntica invitación le hago al doctor Jorge Londoño de la Cuesta, gerente de Empresas Públicas de Medellín y le recomiendo que esa visita la realicen en las denominadas horas pico.

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