Mensajes de la voltereta de Benedetti.

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noviembre 14, 2020

Mucho revuelo causó entre los colombianos la decisión de Armando Alberto Benedetti Villaneda de trastearse políticamente del partido de la U, conocido como el partido del doctor Juan Manuel Santos, a la Colombia Humana que dirige el senador y excandidato presidencial Gustavo Francisco Petro Urrego. Conocí a Armando Benedetti en el año 2002, cuando compartimos asiento en la Cámara de Representantes y ambos lo hacíamos en nombre del partido Liberal. Persona inteligente, sagaz, laboriosa, a la que siempre vi y he visto defendiendo sus principios, pero la que con facilidad, de allí en adelante, cambiaba de bando político. Prontamente en ese período que lo conocí, mutó a las huestes del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez. Lo hizo acompañado de varios parlamentarios que fueron elegidos por el liberalismo y prefirieron las mieles del poder. Armando, a pesar de la voltereta, conservó buenas relaciones con sus antiguos compañeros de bancada, incluso sirvió de amable relacionista entre sus nuevos y antiguos compañeros.

Pero no es de Benedetti que les vengo a escribir. Es de lo que representa y encierra su reciente decisión de adherir a Gustavo Petro. Tengo la impresión y así lo he venido insinuando en varios de mis escritos, que la actitud del senador barranquillero, en meses más cercanos a la elección presidencial, será asumida por más dirigentes políticos y por muchos colombianos. Los ciudadanos se encuentran literalmente “mamados” de la indolencia de la clase política que va por un camino, mientras el pueblo transita otro.

La ceguera de la clase política no tiene nombre. El hambre, el desempleo, la corrupción y la pandemia, para agregarle otro negativo a nuestros males, parecen ser asuntos de segunda categoría para quienes deberían estar solucionando esas gravísimas falencias. Una clase dirigente alejada de la realidad, distante del hombre del común, sin sintonía alguna con su pueblo, desvergonzada y retadora, tendrá que enfrentar en las elecciones del año 2022 a un electorado indignado, dispuesto a liberarse de ataduras ficticias y con los ojos abiertos para no digerir más mentiras y engaños de quienes pretenden hacerse elegir con manipulaciones ilógicas y absurdas.  

Las elecciones y sucesos de Argentina, Chile, Bolivia y los mismísimos Estados Unidos, son un campanazo de alerta para los partidos políticos y la dirigencia que durante décadas nos han regentado. El cambio en Estados Unidos seguramente será muy tangencial, pero si se avizora en el camino un pensamiento distinto en temas como el cambio climático, los derechos humanos y con respecto a Colombia, temas como los de la paz. De esta pandemia saldrán muchas enseñanzas, la más importante: la decisión del pueblo de no dejarse joder o engañar más, con diablos o espantos que no existen.

Estoy seguro que el camino adoptado por Armando Benedetti de seguir a un candidato distinto a lo que hemos tenido, bien sea Petro o cualquier otro, será imitado por muchos colombianos. Ojalá acierten para que no resulte peor el remedio que la enfermedad.  

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