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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

La aparición y consolidación de las llamadas redes sociales (Twitter, Instagram, Facebook, WhatsApp, etc.) y la misma internet, tienen contra las cuerdas a los grandes medios de comunicación, como mínimo en lo referente a su influjo sobre la opinión pública, la cual demostró recientemente que es más receptiva a las redes que a los medios. El triunfo de Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos es la más contundente prueba de mi afirmación.

Trump utilizó bien las redes sociales y a pesar de ser un candidato políticamente incorrecto, se impuso contra todo pronóstico y contra toda lógica sobre Hillary Clinton quien contaba con el respaldo y el apoyo de casi todos los grandes medios de comunicación americanos, incluyendo los de la derecha moderada.

Lamentablemente la fuerza arrolladora de las redes sociales trae aparejada sus propias falencias y debilidades. Si bien las personas de a pie consiguieron un medio para expresarse oportunamente, rechazar los atropellos e injusticias y dar a conocer su opinión sobre el acontecer nacional e internacional, también algunos han visto en estos instrumentos una oportunidad para descargar sus más bajas pasiones y exacerbar a la gente.

Las redes han dado origen a infinidad de perfiles falsos o a personas que manejan por millares estas cuentas y lo hacen con nombres ficticios, buscando manipular con mentiras, engaños y exageraciones el pensamiento colectivo. Allí dan por ciertos eventos que nunca han ocurrido, les endilgan a las personas conductas que no les son propias, lavan o destruyen imágenes, en fin, perversamente manipulan al colectivo. Eso hace que unos buenos medios para socializar la información y difundir la noticia, se esté autodestruyendo apenas en sus inicios.

Los mismos creadores de estos novedosos instrumentos han sido incapaces de controlar y regular esta avalancha de irregularidades. Estoy seguro de que perdurará en el tiempo los que logren depurar sus bases y sus perfiles.

La popularización de la información es muy buena, seguramente obligará a los medios masivos de comunicación a reinventarse y a depender más del análisis y estudio de los acontecimientos y menos de la noticia, y tendrán que difundirla paralelamente en las redes sociales, como algunos ya lo están haciendo.

La administración pública, la educación, la política, la empresa, las ventas y casi todas las actividades humanas, dependerán cada día más de estos sistemas modernos y nos irán obligando al autocontrol para poder construir confiabilidad frente a la desinformación que circula en las redes sociales e internet.

El lamentable caso de la bomba dejada en un baño del centro comercial Andino en Bogotá, ha puesto al descubierto no solo las debilidades de las redes sociales, sino la ruindad de muchos de sus usuarios. Un evento doloroso ha servido para difundir toda serie de especies y mentiras que le hacen daño a la investigación y dificulta dar con los responsables. Allí quedamos retratados: una sociedad dividida, polarizada y llena de odio.

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