La profunda crisis liberal

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Pretender minimizar las dificultades por las cuales atraviesa desde hace varios años el Partido Liberal o creer que el único responsable es el expresidente César Gaviria, es no solo una insensatez, sino una forma de eludir las responsabilidades que muchos actores de la vida nacional tenemos en los hechos. El liberalismo viene de tumbo en tumbo desde 1994 y con el transcurrir de los años se despeña más.

El retiro de un grupo de importantes militantes de la colectividad, sucedido esta semana y encabezados por los exministros Juan Fernando Cristo y Guillermo Rivera, no puede ser minimizado. Es la demostración palmaria de que algo no viene funcionando bien y desde hace años. Es posible que la carta de renuncia contenga la firma de algunas personas que ya habían abandonado la colectividad roja desde hace algún tiempo, pero eso no le resta trascendencia al hecho.

Indudablemente que los hechos se precipitaron por las erradas decisiones de la Dirección Nacional Liberal de unos meses para acá. Una consulta para escoger candidato presidencial celebrada en frío, para darle algún nombre; una negativa constante a permitir que el candidato liberal Humberto de la Calle hiciera coalición con otras fuerzas de centro-izquierda; una torpe decisión de acompañar al candidato Ivan Duque la misma noche de la primera vuelta sin consultar a la militancia, fueron los detonantes de la crisis. A eso hay que agregarle la cada día más creciente parlamentarización del partido, que lo ha llevado a desconocer otras fuerzas sociales para acrecentar el poder de los congresistas.

Personalmente he sido un crítico de las actuaciones del partido, especialmente desde la noche que cayeron de rodillas ante el uribismo, sin valorar que llevábamos diecisiete años en orillas opuestas y con posiciones radicalmente contrarias. Ofrecí ese mismo día entregar mi carnet de liberal. Fui varias veces invitado por el doctor Juan Fernando Cristo a abandonar el partido, sin renunciar jamás a las tesis y pensamientos liberales. Finalmente decidí que la lucha por rescatar la organización y llevarla nuevamente a nutrirse de pensamientos socialdemócratas debería darse por dentro y no desde afuera. Así pues la lucha hay que darla con vehemencia dentro de la colectividad y no abandonándola.

El resurgir liberal requiere nuevos liderazgos, de un remozamiento de su ideología, de volver a los estudiantes, a la clase obrera, a los sectores populares. El liberalismo debe volver a ser la voz de quienes no la tienen y el vocero de las reivindicaciones sociales. Tiene que abandonar su cómoda posición de buscar puestos y contratos, nuestro gran pecado. y atreverse a manejar ideas y propuestas que nos vuelvan a permitir ser opciones de poder y no una simple agencia que otorga avales en época preelectoral.

Con la declaratoria de independencia que asumió el partido con respecto al gobierno del doctor Duque, se corrigió en algo la equivocada posición de acompañarlo para la segunda vuelta, pero eso no es suficiente. El partido tiene que defender el proceso de paz, tiene que oponerse a la reforma que se pretende a la acción de tutela, tiene que oponerse a que sean la clase media y los pobres los que asuman la nueva carga impositiva, tiene que oponerse a que se modifique la ley de víctimas para proteger a los victimarios, en fin, tiene que asumir verdaderas posiciones liberales. Si estas posiciones no se asumen, continuará el éxodo de quienes buscamos coherencia ideológica.

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