La intolerancia genera violencia (EL MUNDO)

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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

“La intolerancia genera violencia” es un aforismo surgido de la inveterada propensión a la camorra que ha sido constante en Colombia; recordarlo no parece original ni sobresaliente y más bien pareciera una trivialidad.

Sinembargo, ciertos hechos bien conocidos, otros no tanto, deben prender alarmas en la sociedad para evitar que la refrendación de los acuerdos de La Habana se convierta en un nuevo campo de batalla y repitamos episodios dolorosos como la violencia entre liberales y conservadores de mediados del siglo pasado, que en menos de ocho años cobró la vida de casi trescientos mil compatriotas. El proceso de refrendación debe ser un ejercicio de la inteligencia, de la madurez conceptual y del ejercicio alto de la política para convencer, a quienes piensan diferente, de que los argumentos propios son mejores.

Debo decir que sin iniciarse en forma la campaña por el plebiscito los ánimos están totalmente crispados y la intolerancia se apodera del escenario nacional. Hace unos días el senador Antonio Navarro Wolf fue chiflado por algunos seguidores del Centro Democrático, pues así lo reconoció a los medios de comunicación uno de los participantes en el conocido saboteo. El jueves pasado, la senadora del partido Verde, Claudia López Hernández, se presentó en el Parque de Berrio de Medellín para promover el voto favorable al plebiscito que va a refrendar los acuerdos de La Habana. Cronométricamente medido el tiempo, a la par que lo hacía la senadora con algunos de sus seguidores, se presentaron los mismos personajes que habían saboteado la manifestación anterior de Navarro Wolf. Se ubicaron al centímetro de Claudia López y su gente y trataron de acallarla utilizando megáfono, pitos y pequeñas cornetas y gritando sus consabidas consignas antisantistas. Muchas de ellas subidas de tono y lindando con la ofensa y el irrespeto. La senadora fue prudente y luego de un buen rato en el parque se retiró por Carabobo rumbo el Parque de Las Luces. Los saboteadores del acto seguían al pie de los manifestantes y su actitud era ostensiblemente provocadora. Desde los alrededores de La Alpujarra la comitiva se fue a buscar la sede de la Universidad Autónoma Latinoamericana, donde la politóloga tenía una conferencia. Al centímetro seguían los provocadores y nadie ni nada los detenía en su acto hostil. Eran cinco personas. Hasta que sucedió lo que tenía que suceder: en los alrededores de Unaula, un grupo de unos ciento cincuenta jóvenes rodeó a los saboteadores y bajo los gritos de “fuera”, “fuera” los contuvieron para que no continuaran tras la senadora perturbando su acto.

Quienes conocen la letra menuda de estos actos hostiles, afirman que detrás de ellos existen reconocidas figuras del Centro Democrático, los mismos que se hacen presentes en los actos que el presidente Juan Manuel Santos ha realizado en Antioquia.

Actos hostiles que también provienen de sectores afectos al éxito del plebiscito. Basta citar la rechazable silbatina que recibió el expresidente Uribe este viernes en la Universidad del Norte en Barranquilla, no precisamente un centro universitario vinculado con los sectores populares. Denunciaba también la senadora del Centro Democrático, Paola Holguín, que a un grupo de recolectores de firmas contra el proceso de Paz le arrojaron gas pimienta en un céntrico lugar de Medellín.

El debate del plebiscito debe ser un ejercicio de la inteligencia y un escenario de confrontación de ideas: no de provocaciones.

 

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