Jugando a las muñecas

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Observaba en estos días a mi nieta Guadalupe jugando con sus muñecas en un cuarto de su casa. Primero las invitó a cine, allí las tuvo, les compró rosetas o palomitas, las regañó porque no estaban atentas a la hipotética película que observaban y luego las llevó a un parque de diversiones en Miami. Era creativa y tierna, a pesar de las esporádicas llamadas de atención a sus muñecas. En su juego, la imaginación de Guadalupe no tuvo límites. Recorrió muchos lugares sin moverse de la habitación, creó y recreó las escenas. Los adultos terminamos atraídos por las fantasías de la niña y seguimos con deleite su juego.
Menos tierno es el recreo que se ha inventado el Gobierno colombiano con la película, esa sí real, de la excongresista Aída Merlano, condenada en primera instancia por una Sala de la Corte Suprema de Justicia a quince años de prisión por los delitos de concierto para delinquir agravado, corrupción al sufragante en calidad de coautora y tenencia ilegal de armas. Recapturada el pasado 27 de enero en la ciudad venezolana de Maracaibo, después de que cuatro meses antes había protagonizado una cinematográfica escapada de un consultorio odontológico en la ciudad de Bogotá.
El Gobierno colombiano, como en el juego de muñequero de las niñas, le ha pedido a un presidente fantasma, sin poder real alguno, que extradite a la Merlano para que cumpla en Colombia su condena. Evidentemente que Juan Guaidó no podrá extraditar a la capturada, pues el poder real está en manos de Nicolás Maduro, por más dictador que éste sea. Alguien sensato, frente a esta historia, no sabe si reír o llorar.
Aída Merlano es poseedora de valiosa información en contra de clanes políticos que se han nutrido de la compraventa de votos. Su información ayudaría a develar el origen de los dineros que tanto han corrompido la actividad política en Colombia y que comenzó por la costa Atlántica, pero el camino que ha escogido el Gobierno hace imposible la extradición de la excongresista y lo único que se conseguirá es la impunidad de hechos tan graves para la democracia del país. Seguramente Nicolás Maduro emprenderá el camino de proteger a la señora y con ello colaborar en el tapen, tapen que buscan los financiadores de semejantes vergüenzas para nuestra muy débil democracia.
La realpolitik o política realista, es la diplomacia basada en intereses prácticos y acciones concretas y todo indica que Colombia aquí olvidó esta lección que los alemanes llevan difundiendo en el mundo desde el siglo XIX.
Y mientras Colombia juega a las muñecas, la Merlano y sus financiadores se burlan de nuestra justicia y Maduro conserva un trofeo para desde Venezuela producir efectos políticos cada vez que la señora de la historia quiera abrir la boca o su nuevo titiritero se lo ordene.

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