¿Irreformable la justicia? (EL MUNDO)

Obras que muestran sus bondades (EL MUNDO)
julio 17, 2016
¿Alumno o estudiante? (EL MUNDO)
agosto 1, 2016

Por Ramón Elejalde Arbeláez

Los recientes fallos de la Corte Constitucional relacionados con el Acto Legislativo conocido como “Equilibrio de Poderes”, dejan en claro que las reformas a la justicia que tramitó el Parlamento mediante ese acto se vienen cayendo a pedazos al enfrentar el control de constitucionalidad, bajo dos premisas. Primera, que esa reforma es una verdadera sustitución de la constitución, por cuanto se han tocado aspectos sustanciales de la misma y, segunda, que este tipo de reformas solamente puede realizarlas el constituyente primario o una asamblea constituyente convocada para tal efecto por el pueblo colombiano y nunca por el Congreso, pues este carece de competencia para hacerlo.

La figura de la sustitución constitucional es novedosa y tiende a convertir muchas normas de la carta suprema en normas rígidas de difícil cambio. Eso está bien, es un elemento jurisprudencial que intenta ponerle coto al espíritu reformista que tienen nuestros gobernantes y parlamentarios. Pero no se puede convertir en el mazo que esgrime la Corte para impedir que la rama judicial sufra, cuando se estime conveniente y necesario, las transformaciones que requiere con urgencia. La sustitución constitucional solamente opera cuando se trata de reformar aspectos sustanciales o pilares fundamentales de la carta. No se explica uno cómo pudo pasar la primera reelección presidencial, pero la segunda ya fue una sustitución constitucional. Tampoco es entendible que una norma que facilitaba el ingreso de unos empleados a la carrera administrativa estuviera sustituyendo la constitución.

En el caso del acto legislativo del equilibrio de poderes resulta novedoso que se pueda acabar con la sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, pero no con toda la institución o que una inútil y paquidérmica Comisión de Acusaciones no pueda ser reemplazada por un Tribunal de personas competentes e idóneas para administrar justicia.

No puede la Corte Constitucional, so pretexto de la sustitución constitucional impedir que la justicia, tan venida a menos, no reciba los retoques reformatorios que a veces son necesarios en las instituciones. De ninguna manera estoy prohijando la “reformitis” constitucional, pero tampoco es bueno el otro extremo, convertir a la rama judicial en una organización pétrea que jamás se podrá modernizar.

Tocará seguir viendo a los magistrados de las altas cortes sin quién los investigue en forma seria, justa y oportuna. Me dirán, y no dejarán de tener razón quienes así lo hagan, que nuestros jueces y altos gobernantes no son delincuentes para que la Comisión de Acusaciones de la Cámara esté continuamente procediendo contra ellos, pero esta apreciación no puede tampoco ser justificación para que no tengan un juez natural con capacidad de investigarlos y sancionarlos si así lo merecen y lo amerita cada caso.

Notícula. Las reclamadas reformas a la justicia por el pueblo colombiano, no son razón válida para que se hable de constituyente por algunos dirigentes políticos.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *