Homenaje a Bernardo Gómez

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Bernardo Gómez Bravo es un campesino humilde, de escasos recursos económicos, con noventa y dos años de edad, que aún cultiva la tierra y permanece activo en su pasión por la política. Nació en la vereda El Rodeo de la ciudad de Santafé de Antioquia, se casó en primeras nupcias con Teresita Lastre Trujillo y en segundas con Ilduara Rueda, ambas fallecidas, tuvo cuatro hijos y tres nietos y ha vivido desde hace unos ochenta años en la vereda Monos, corregimiento de Nutibara, municipio de Frontino.
Conocí a Bernardo hace unos cincuenta años, cuando muy joven me iniciaba en las lides políticas. Siempre fue un referente del Partido Liberal en su vereda, en su corregimiento y en su municipio. Allí lo he visto siempre, sin devaneos ni dudas frente a su partido. Obvio, ha sido un crítico de muchas cosas que ha tolerado el partido, entre ellas la corrupción, pero siempre ha sostenido que “las cosas se arreglan desde adentro y no desde afuera”.
Bernardo se ha convertido para mí en un personaje inolvidable, en una persona que con su firmeza ideológica se ha ganado el respeto de quienes lo conocemos y lo apreciamos. Dominicalmente era usual ver a Bernardo viajar en mula o a caballo de su vivienda en Monos al corregimiento de Nutibara y lo hacía para aprovisionarse él y su familia de lo necesario para subsistir durante la semana. De unos meses para acá, seguramente por los achaques de la edad, dejó la mula y se dedicó a hacer ese recorrido, que es de unos ocho quilómetros, a pie. Con su andar lento y pausado demoraba harto tiempo en llegar a su destino. Hace unos dos meses Bernardo salió de su casa, como era su costumbre, a hacer el mercado semanal en Nutibara, cogió un camino que jamás lo llevaría a su destino, seguramente como secuela de su edad. Era un camino sinuoso, con grandes despeñaderos y para él y para cualquiera, muy peligroso. Sucedió lo que tenía que pasar, el anciano se rodó por uno de los abismos, lo que ocurrió con algo de suerte para la víctima: descendió muy lentamente y un leño lo atajó para no caer en una quebrada. No fue capaz de incorporarse y se quedó allí consciente de que lo que le correspondía era esperar la muerte.
Mientras Bernardo padecía semejante odisea sus hijos y nietos enfrentaban otra peor: buscar a su padre y abuelo por el camino usual que recorría todos los domingos. Obvio, no lo encontraron. Esa labor duró algo más de cuarenta y ocho horas. Brigadas de campesinos se organizaron para buscar al amigo, al líder. Nadie imaginó que había cogido un camino equivocado. Finalmente, al cabo de dos días, algún andariego campesino lo topó desmadejado, sin fuerzas y muy lacerado a la orilla de un riachuelo. Sabe amigo lector, ¿Qué lo mantuvo vivo? Su ansia, su decisión de votar por los candidatos liberales en las elecciones de próximo mes de octubre. Así se lo dijo a su salvador y así lo repitió en el centro hospitalario a sus familiares, médicos y paramédicos.
Esta semana volví a hablar telefónicamente con Bernardo, lo percibí completamente lúcido, pero me dijo que se sentía muy débil y sumamente enfermo, que rogaba al Señor para que lo dejara vivir hasta las elecciones porque no se quería morir sin votar por sus candidatos y por su partido. ¡Qué personajes tan ejemplares tiene uno en la vida la oportunidad de conocer y de compartir con ellos! Bernardo es ejemplo de vida, de lealtad política en tiempos donde las ideas no las respetan ni las personas, ni los mismos partidos. Viendo las terribles equivocaciones del liberalismo desde hace muchos años, concluye uno que el partido no merece un militante del temple, la dignidad, el coraje y la lealtad de Bernardo Gómez.

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