Entre la Merlano y Santrich

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Evidentemente que la opinión pública no asimiló de igual manera las fugas que en su momento protagonizaron, de un lado Seuxis Paucias Hernández Solarte, conocido con el alias de Jesús Santrich y que sucedió el pasado 30 de junio cuando se encontraba en el espacio de reincorporación llamado Tierra Grata, situado en el municipio de San Juan, departamento del Cesar, que es una zona fronteriza con Venezuela y del otro lado la señora Aída Merlano Rebolledo, sucedido en Bogotá el pasado 2 de los corrientes. Con la primera de las fugas hubo indignación nacional y total rechazo y con la segunda ha sucedido un fenómeno sui géneris, la inmensa mayoría de los usuarios de redes sociales se han dedicado a disfrutar de los memes y chistes que desde todos los flancos se producen con el caso. Hasta el expresidente Álvaro Uribe, tan circunspecto siempre, tomó jocosamente los memes donde lo ponen a él a huir en el hipotético caso de un auto de detención.
Ambas fugas llenas de una gran espectacularidad, quizás más la última, aunque parece que solo fue eso, espectáculo y mucha torpeza por las pruebas que dejaron sobre los personajes que sirvieron de cómplices en la comisión del delito. Eso de involucrar a sus hijos, uno de ellos menor de edad, es muy lamentable. Lo de Santrich fue un poco menos espectacular pero más inteligentemente fraguada.
A la Merlano le esperan años de zozobra, escondites, temores, desarraigo, alejamiento familiar, es decir una pena igual o más dura que la que estaba afrontando. En mi concepto una burda decisión. Si huyó por su iniciativa es muy difícil predecir el grado de éxito que pueda tener su decisión, pero si por el contrario fue inducida por sus cómplices mayores, es decir, por quienes temían que Aída los delatara por el modus operandi como obtienen curules a corporaciones públicas, el final, ojalá no suceda, puede ser más cruel para la fugada. Por el contrario, a Jesús Santrich le esperan años de selva, porque los demócratas esperamos que la dictadura en Venezuela termine, o seguramente un final como el de Alfonso Cano, Mono Jojoy o Raúl Reyes. Esa fue la decisión premeditada que tomó el guerrillero, que regresa a sus viejas andanzas.
Algunos ven a la Merlano como una heroína que huye ante la injusticia de verse privada de la libertad y condenada, cuando sus socios financistas y políticos continúan tranquilos sin que la justicia los toque y otro grupo mayor disfruta de los chistes que la historia originó y que son abundantes e inteligentemente confeccionados. Es el drama de un pueblo que va perdiendo las dimensiones de lo que es correcto y de lo que es incorrecto, un pueblo para el que muchas veces el fin justifica los medios, para el que todo vale. Ver estos episodios con lentes distintos es el drama de los colombianos, que nos hemos familiarizado con el perdón para quienes piensan igual y que condenamos sin piedad y con odio a quienes piensan distinto. El lente que debería utilizar una sociedad civilizada para mirar estos acontecimientos, debe ser siempre el mismo.

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