En La Lizama, un crimen ecológico

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En mi artículo del pasado 4 de marzo, en este mismo medio, comenté la denuncia presentada por el procurador general de la Nación, doctor Fernando Carrillo, en un simposio internacional dentro del Pacto Mundial por el Medio Ambiente, contra la guerrilla del ELN como los mayores destructores del medio ambiente en Colombia por sus permanentes atentados contra la infraestructura petrolera del País. Hoy es necesario denunciar y pedirle a ese mismo Procurador que investigue y aplique sin contemplaciones la ley, para que los responsables del enorme daño ecológico que se perpetró en el pozo La Lizama 158, a cargo de la empresa Ecopetrol, reciban un merecido castigo.

Un mes derramando crudo por varios cráteres, que finalmente fue controlado. El colmo de la ineptitud y la imprevisión.

Los daños son incalculables para la naturaleza: Entidades ambientalistas en pronunciamientos divulgados por grandes medios de comunicación, han expresado que más de 550 barriles de crudo se han regado por praderas y fuentes de agua de la región, que ya llegaron al río Sogamoso y al río Magdalena; admiten también que cerca de 2500 animales han perecido por esta catástrofe ecológica; más de 1600 animalitos han tenido que ser reubicados para que no perezcan, amén de 25 familias que han corrido igual suerte.

Ecopetrol no había previsto mecanismos de emergencia para este tipo de contingencias, lo que es más grave cuando sabemos que desde el año 2016 se habían dado alertas por estas posibles filtraciones. Ecopetrol administra muchos pozos en explotación, pero también posee decenas de otros que están inactivos pero que tienen que sellarse para evitar estas tragedias. La única misión de esta empresa no es explorar, explotar y repartir dividendos. Tiene muchas más obligaciones, especialmente con la comunidad y con la naturaleza.

La quebrada La Lizama, el caño de La Muerte y los ríos Sogamoso y Magdalena, son hoy dispensadores de muerte y destrucción del hábitat de personas, de la fauna y la flora con su carga de crudo.

En una interesante crónica del periódico El Espectador de este 29 de marzo, afirmaba: “Lo cierto es que 27 días después son más las dudas que las certezas. ¿Qué fue lo que realmente sucedió? ¿Cuánto le costará al país recuperar los ecosistemas afectados? ¿Estamos ante la peor tragedia ambiental de Colombia?”.

Ecopetrol tiene que explicarles a los colombianos, 1°) ¿Por cuáles motivos guardó silencio sobre el derrame que este pozo inactivo estaba produciendo entre el 2 y el 12 de marzo? 2°) ¿Por qué el presidente de la empresa  guardó tan extraño mutismo durante casi un mes que permaneció la tragedia ecológica?  3°) ¿Cuántos y cuáles pozos inactivos no han sido sellados? 4°) ¿Cuáles otras amenazas de tragedia ecológica se le ocultan hoy al país? Y especialmente, Ecopetrol tiene que resarcir a las comunidades por el daño a sus propiedades y fuentes de sustento; y a todos los colombianos por este atentado brutal contra el medio ambiente, a pesar del silencio cómplice de los partidos políticos y entidades que lo utilizan sólo como bandera electoral.

Una región tan rica en agricultura y biodiversidad, tan poblada, con recursos hídricos necesarios para la vida, requieren respuestas urgentes de los organismos de control, especialmente de la Procuraduría.

En este caso los silencios son muy malos.  Los discursos pueden ser muy buenos. Los colombianos anhelamos acciones, buenas acciones, ya.

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