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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Indudablemente, la opinión pública registra un resurgimiento del partido Liberal, evidente en todas las encuestas realizadas hasta hoy en Colombia. Esos halagüeños resultados no pueden llevar a esta colectividad a lanzar campanas al viento. No es aún el mismo partido vigoroso que tuvimos en la década de los 80 y principios de los 90. Sigue  muy distante del partido mayoritario de antaño, pero es innegable que la tendencia de su vertiginoso descenso se ha contenido y muestra signos de recuperación.

No solamente lo evidencian las encuestas. Casi todas las elecciones atípicas que se han realizado en nuestro país en los últimos meses han visto ganador al partido de la bandera roja. Las visitas que los activistas realizan a los municipios y barrios de las ciudades colombianas, reportan también ese renacer que trae la esperanza a muchos liberales. Lástima que un partido de tanta tradición, que puede aparecer nuevamente en las elecciones de marzo próximo como el más votado, no se presentará a la contienda presidencial con candidato propio. Renunciar, como lo hizo en la reciente convención de Cartagena, a tener su candidato en las elecciones presidenciales del próximo mes de mayo, es un craso error del  partido que durante ya casi dos siglos ha mantenido incólume su vocación de poder. Juan Manuel Santos fue aclamado en el evento de Cartagena y muy pocas las voces que, como la mía, tímidamente expresaron el deseo de un candidato propio. Primó mucho la intención de pasarle cuenta de cobro a Álvaro Uribe, quien durante sus ocho años de gobierno buscó insistentemente desaparecer o reducir a la mínima expresión al partido Liberal; hubo sed de venganza y escasa racionalidad. Claro que a esa aclamación contribuyeron con creces los llamados “invitados especiales”, personas que llegaron a la convención  de manos de la legión parlamentaria autorizada para llevar a sus más fieles soportadores mezclados con los verdaderos convencionistas, y así conformaron mayoría notoria para los objetivos de ese grupo de congresistas: aclamar la candidatura presidencial de Juan Manuel Santos, y la continuidad en la Dirección del partido del doctor Simón Gaviria.

La aclamación casi unánime de Simón Gaviria al frente de la colectividad roja tampoco debe extrañarnos. La convención tuvo una perfecta organización, muy semejante a la de las convenciones gringas y su manera de incluir y relievar la influencia de los invitados especiales: Gaviria y Santos ingresaron al Centro de Convenciones del hotel Hilton y subieron al escenario en medio de un montaje tecnológico envidiable. Un video promocional del liberalismo, deleitó la mente y el corazón de los convencionistas e invitados especiales con los discursos de algunos de egregios líderes ya fallecidos, con ausencias inexplicables; vimos a Gaitán y a Galán, pero no a los Lleras.

El discurso de Simón Gaviria, de muy buena confección y sustancioso contenido, con frases impactantes invitó a la reconquista de lugares privilegiados para el partido. Por el contenido del discurso de Simón Gaviria, no le quedó la menor duda a los convencionistas, invitados y periodistas presentes, de que hablaba un potencial candidato presidencial para las elecciones de 2018. Fue una especie de lanzamiento de una precandidatura in pectore del liberalismo. El escenario bien manejado, el discurso con buena dicción, los tiempos distribuidos con precisión y las frases impactantes fijadas sobre una pantalla gigante, lo dejan a uno, pobre convencionista provinciano, sin saber  si la convención se diseñó para hacerle sentir al liberalismo que sí era opción de poder, para dar comienzo a una candidatura presidencial, o ambos objetivos a la vez.

No fue pues la convención liberal el escenario lánguido que algunos medios quisieron presentar, muchos de ellos con su notoria ausencia o falta de cubrimiento, pero tampoco fue el magno evento que algunos militantes y asistentes quisieron describir. Va bien el partido, pero no va todo lo bien que todos quisiéramos. Esperamos que las elecciones parlamentarias de marzo sean el evento que marque el relanzamiento liberal hacia la verdadera reconquista del poder; por lo pronto solamente somos el partido escalera que necesita Juan Manuel Santos, de otra colectividad, para reelegirse en la presidencia de la República.

Notícula. La sentencia T-647 de la Corte Constitucional, sobre la tutela que interpuso Guillermo Gaviria Echeverri pidiendo respeto por los términos procesales a la rama judicial es una ratificación de lo que muchos sostenemos en los claustros universitarios: El postulado judicial de respeto por los términos procesales es una obligación para los sindicados y sus apoderados, pero también para los funcionarios judiciales.

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